«Antes eran ustedes como ovejas descarriadas, pero ahora han vuelto al Pastor que cuida de sus vidas» (1 Pedro 2:25, NVI).

 Hoy vamos a caminar por un pastizal para aprender lecciones importantes de las ovejas. Las ovejas nos dan lana para hacer ropa, pero también nos dan carne, leche y queso. Sin embargo, hay algo más que quiero decirte sobre ellas. No le digas a ninguna oveja que yo te he dicho esto, pero las ovejas no son muy inteligentes para ciertas cosas. Se asustan muy fácilmente. Si una hoja de papel vuela por el aire donde ellas están, salen corriendo. Si por casualidad se ven rodeadas de agua no tienen idea de qué hacer y se pueden ahogar en poca agua. Y lamentablemente, si el lugar donde están se incendia, simplemente se quedan quietas y mueren. No hay duda: las ovejas necesitan nuestra protección absoluta.

Pero no te sientas muy halagado. El versículo de hoy nos dice que nosotros somos muy parecidos a las ovejas. Pedro dice que somos como ovejas descarriadas lejos de su pastor.  Nosotros seguimos nuestras propias ideas. Pero hay esperanza. Jesús, nuestro buen Pastor; está justo a nuestro lado esperando que le digamos: «Te amo, y quiero que me salves». Habla hoy con el buen Pastor y dile que tú no quieres perderte nunca más

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