Jueves 8 de mayo – Devoción Matutina para Adultos 2014 – Conozcamos a John Loughborough, el niño predicador

Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud. Lamentaciones 5:27.

John Loughborough (1832-1924) tenía 16 años cuando sintió el llamado a predicar. Durante nueve semanas, había estado sufriendo de malaria. Desesperado, finalmente clamó: “Señor, acaba con estos escalofríos y la fiebre, y saldré a predicar no bien pueda recuperar las fuerzas necesarias para hacerlo”.
Los escalofríos cesaron ese mismo día. En ese momento, no tenía nada de dinero para viajar. Después de algunas semanas de cortar leña, se las arregló para ahorrar un dólar de los gastos. “Eso”, señaló, “me llevaría a donde yo quería ir, pero ¿y la ropa? El vecino para el que estaba trabajando me dio un chaleco y un pantalón un poco gastados; pero, como era un hombre mucho más alto que yo, después de cortarle 28 centímetros a los pantalones, estas prendas distaban mucho de quedarme bien. Como sustituto de un abrigo de vestir, mi hermano me había dado un sobretodo cruzado, al que le habían cortado la falda.
“Con este atuendo curioso y el dólar, decidí entrar en algún lugar donde fuese desconocido, e intentar predicar. Si fracasaba, mis amigos no lo sabrían; si tenía éxito, lo tomaría como evidencia de que era mi deber predicar”.
En su primera noche afuera, encontró la pequeña iglesia bautista del poblado completamente llena. “Canté”, informa, “oré y volví a cantar. Hablé de la caída del hombre. En vez de avergonzarme, como lo temía, la bendición de Dios descendió sobre mí, y hablé con libertad.
A la mañana siguiente, me dijeron que había siete pastores presentes la noche anterior.
“A la noche siguiente, el lugar estaba repleto otra vez. Supongo que lo que los atraía era la curiosidad de escuchar predicar a un muchacho sin barba […]. Al terminar el sermón, el […] predicador se levantó y dijo que en la noche siguiente comenzaría un servicio de clases de canto, así que mis reuniones tendrían que terminar. Entonces, un tal señor Thompson se puso de pie y dijo: ‘Señor Loughborough, esta escuela de canto ha sido planeada con el propósito de terminar con sus reuniones'”. En ese momento, Thompson invitó al joven predicador a trasladar sus reuniones a una gran escuela, en la que trabajaba como administrador. Y, una vez más, el predicador adventista del primer día en ciernes triunfó donde habrían fracasado otras almas menos aventuradas.
Nunca deja de sorprenderme que el Dios de gracia pueda bendecir lo que parece ser incluso la más pobre de las ofrendas, cuando son ofrecidas con devoción. La mayoría nos excusamos hasta que estamos “listos”. Y ese momento nunca llega.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2014
A MENOS QUE OLVIDEMOS
Por: George R. Knight
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