Domingo 28 de diciembre
EL PRINCIPIO DE LA SABIDURÍA
En Proverbios 1:1 al 6, el título “Los proverbios de Salomón, hijo de David” (Prov. 1:1) establece un vínculo entre este proverbio y 1 Reyes 3:5 al 14. En el libro de Reyes (así como en el de Proverbios), se presenta a Salomón como un hijo que busca sabiduría de Dios. Además de que ambos se refieren a Salomón como “el hijo de David”, los dos textos comparten palabras significativas: “prudencia”, “sabiduría” y “juicio”. Estos paralelos no solo confirman que Salomón estuvo detrás de la composición del libro, sino también muestran que Proverbios trata con la búsqueda humana de la sabiduría de Dios.
Lee Proverbios 1:7. ¿Qué es la sabiduría? ¿Qué es “el temor de Jehová”? ¿Cómo se relacionan estos dos conceptos?
“Sabiduría” se define aquí como una experiencia religiosa. Está relacionada con el temor de Jehová. Este concepto importante de la religión hebrea es la clave de Proverbios. No solo aparece repetidamente, sino también constituye el marco de todo el libro (Prov. 1:7; 31:30).
El temor de Jehová no tiene nada que ver con el miedo supersticioso e infantil al castigo divino. Debe entenderse, en cambio, como la consciencia aguda de la presencia personal de Dios en todo momento y lugar. El temor a Dios había caracterizado la reacción del pueblo frente a la revelación divina en el Sinaí (Éxo. 19:16; 20:20), así como explicaba su compromiso de ser fiel y de amar a Dios, en respuesta al pacto de Dios con ellos (Deut. 10:12).
En pocas palabras, temer a Dios significa serle fiel y amarlo.
La frase “el principio de la sabiduría es el temor de Jehová” significa que la sabiduría origina este “temor”. La palabra hebrea para “principio” (reshit) apunta a la primera palabra que presenta la historia de la creación. (Gén. 1:1). La primera lección de sabiduría, entonces, es comprender que Dios es nuestro Creador, el que nos da vida y aliento, y que siempre está presente: un Dios de amor, justicia y redención (Juan 3:16; Sal. 89:14; Heb. 9:12).
Se nos dice que debemos amar a Dios y, también, temerlo. ¿De qué modo, en tu propia experiencia con Dios, estos dos conceptos están relacionados?
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