Jueves 2 de octubre
SANTIAGO Y JESÚS
Santiago tuvo la oportunidad de observar a Jesús cuando era niño, joven y adulto. Luego, en algún momento, no solo creyó en Jesús como el Mesías, sino también llegó a ser líder de los cristianos en Jerusalén. Y no obstante, Santiago no se llama a sí mismo hermano, sino “siervo” (Sant. 1:1) de Jesús. Claramente, aprendió la humildad y la sabiduría verdaderas. No sorprende que estos también sean temas importantes en su carta (ver Sant. 1:9-11, 21; 3:13-18; 4:6-10).
Compara los siguientes pasajes y resume lo que tienen en común:
Sant. 1:22 con Mat. 7:24-27
Sant. 3:12 con Mat. 7:16
Sant. 4:12 con Mat. 7:1
Se ha reconocido ampliamente la afinidad que tiene la carta de Santiago con las enseñanzas de Jesús y, específicamente, con el Sermón del Monte. “La influencia penetrante de Jesús subraya toda la enseñanza de Santiago” (Davids, The Epistle of James, p. 50).
Al comparar cuidadosamente Santiago con los evangelios, parece que esta carta no depende de ninguno de ellos. Más bien, Santiago escribe desde un conocimiento íntimo y personal de las enseñanzas de Jesús, que siempre inspiró a sus oyentes a tener fe y los desafió a ejercerla.
Al estudiar el libro de Santiago este trimestre, encontraremos un enfoque similar. Él no se contenta con una fe débil, sin frutos o vacilante. Como veremos la semana próxima, la fe domina la primera parte del libro, y Santiago muestra cómo su cualidad crucial consolida una relación vital con Cristo.
Medita en la calidad y la realidad de tu propia fe. ¿Cuán real es? ¿Cuán profundamente penetra? ¿Cómo te capacita para vivir la vida cristiana? ¿Qué cosas podrías hacer, y qué elecciones hacer, que te ayuden a mejorar la calidad y la profundidad de tu fe?
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