LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Lucas 4:1-12; Mateo 12:3-8; 5:17-39; Lucas 24:13-32; Hechos 1:16-20.
PARA MEMORIZAR:
“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).
USANDO UN DETECTOR DE METALES de segunda mano, el británico Terry Herbert descubrió armas anglosajonas bañadas en oro y artefactos de plata, enterrados bajo el campo de labranza. El valor monetario del hallazgo excedía los cinco millones de dólares.
Como alguien que busca tesoros en un campo de polvo, rocas y desperdicios, debemos ser cuidadosos de no permitir que las cosas se pongan en nuestro camino y nos hagan perder de vista el verdadero tesoro: Jesucristo. Buscando riquezas eternas, los fariseos y los saduceos, por igual, “excavaban” los antiguos escritos sagrados. Irónicamente, su mapa del tesoro, las Escrituras, era leído en forma tan radicalmente deficiente que perdieron de vista a Jesús.
De un modo explícito, Jesús incorporó las Escrituras en su metodología para hacer discípulos. La búsqueda definitiva del “tesoro” estaba basada en los escritos proféticos, que lo señalaban a él. Por eso, perder a Jesús es errar el blanco. Esto significa, entonces, que toda actividad para hacer discípulos debe ser, al fin, acerca de Jesús y de lo que hizo por nosotros.

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