Lunes 29 de diciembre
LA VERDADERA EDUCACIÓN
Lee Proverbios 1:8 al 19. ¿Qué dos formas contrastantes de “educación” se presentan aquí? ¿Cuál es el mensaje para los padres y para todos los que temen a Dios?
La educación es, primero, un asunto de familia, y la verdadera educación proviene, principalmente, de los padres. Aquí, esta educación es llamada “instrucción” e, incluso, “ley”. La palabra hebrea para ley, toráh, significa “dirección”. Los padres han de señalar a sus hijos la dirección correcta. En contraste, el otro tipo de “educación” no aparece identificado. Se reconoce como la voz de los pecadores, que van en la dirección equivocada.
Las palabras “hijo mío” no tienen un sentido excluyente de género; se repiten muchas veces, enfatizando la instrucción paterna. Cada padre –“tu padre”, “tu madre”– está identificado en singular e involucrado personalmente, mientras que los otros son un plural anónimo, los “pecadores”.
“En su sabiduría, el Señor ha decretado que la familia sea el mayor agente educativo. En el hogar es donde ha de empezar la educación del niño. Allí está su primera escuela, allí, con sus padres como maestros, debe aprender las lecciones que han de guiarlo a través de la vida. […] Las influencias educativas del hogar son un poder decidido para el bien o para el mal. […] Si no se instruye correctamente al niño en el hogar, Satanás lo educará por instrumentos elegidos por él” (HAd 161).
El mejor argumento en favor de la educación en la familia es su resultado. Estas son las cualidades interiores del carácter, que son como adornos en la cabeza y alrededor del cuello. En la cultura del Cercano Oriente, los collares y los brazaletes preciosos pasaban de padre a hijos como una herencia valiosa. La educación es más importante que las riquezas materiales. El tiempo pasado con los hijos les será de mucho más valor que el tiempo que pasamos en nuestras actividades. Además, la referencia al cuello y a la cabeza sugiere que la educación dará forma a su personalidad. En el camino de los insensatos o pecadores, solo se mencionan los pies (Prov. 1:15), como si el hijo descarriado hubiera perdido su identidad.
¿Cómo podemos resistir las tentaciones que la cultura, la sociedad, los amigos o los familiares pueden arrojar en nuestro camino?
http://escuelasabatica.es/

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