LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Mateo 7:9-11; Juan 14:8-10; Lucas 15:11-24; Mateo 6:25-34; Hebreos 9:14.
PARA MEMORIZAR:
“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Juan 3:1).
A JESÚS LE GUSTABA MUCHO HABLAR DE DIOS como el Padre. Según los evangelios, Jesús usó el nombre “Padre” más de 130 veces aplicado a Dios. En varias ocasiones, le agregó adjetivos: “Padre celestial” (Mat. 6:14), “Padre viviente” (Juan 6:57), “Padre santo” (Juan 17:11) y “Padre justo” (Juan 17:25). El nombre describe el vínculo íntimo que debería unirnos con Dios.
Tradicionalmente para una familia, el padre significa amor, protección, seguridad, sustento e identidad. Le da nombre a la familia y mantiene unidos a sus miembros. Podemos disfrutar estos y muchos otros beneficios cuando aceptamos a Dios como nuestro Padre celestial.
Aunque es esencial para nosotros que conozcamos al Padre, nuestro objetivo debería ser más que un conocimiento intelectual y teórico. En la Biblia, conocer a alguien significa tener una relación personal e íntima con esa persona. ¡Cuánto más con nuestro Padre celestial!
Esta semana exploraremos lo que Jesús enseñó acerca de nuestro Padre celestial y su infinito amor por nosotros. También veremos la relación cercana del Padre con el Hijo y el Espíritu Santo.
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