Lección 1 | Sábado 30 de septiembre 2017 | Un legado perdurable | Escuela Sabática Joven

“En primer lugar, doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo por todos ustedes, pues en el mundo entero se habla bien de su fe” (Rom. 1:8).

SÁBADO 30 SEPTIEMBRE
UN LEGADO PERDURABLE
Introducción | Rom. 15:25
El 19 de marzo de 1813, nadó David Livingstone, un misionero escocés. Teniendo en cuenta que creció a miles de kilómetros de África, la gente no se imaginó que Livingstone llegaría a ser un gran abolicionista, médico y misionero que exploraría África en el siglo XIX. Siempre se dice que lo mejor que puedes hacer con tu vida es dejar un legado perdurable cuando partas de este mundo. El Dr. Livingstone realmente dejó un legado con el cual todavía podemos Identificarnos en el siglo XXI. Livingstone fue un ferviente abolicionista que creía en la dignidad de los africanos, en la viabilidad de emprendimientos comerciales para ese continente y en la fuerza del cristianismo por encima de las creencias espirituales locales.
Los africanos tenían una forma propia de adoración. De alguna manera, creían en un poder superior que traía a la existencia elementos que ellos podían ver y con los que se podían identificar, como el sol, la luna, las montañas, los lagos, y demás. El trabajo de Livingstone como misionero fue realmente importante para transformar sus creencias y para ayudar a los africanos a aceptar el cristianismo.
Fue una obra noble; una obra que salió del corazón. Nadie le pagó por el trabajo que hizo.
Era un forastero con una causa significativa. Dejó un legado perdurable. Esta historia nos recuerda la del apóstol Pablo, quien fue el discípulo de Cristo que más viajó. Pablo viajó por el mundo, primero como un perseguidor de cristianos y, luego, como uno de los mayores cristianos que vivió alguna vez.
Cerca del año 61 d.C., Pablo arribó a Roma con una gran misión: esparcir el evangelio del Dios viviente y plantar iglesias en el poderoso Imperio Romano. A pesar de la oposición prevaleciente en el gobierno romano, y las hostilidades que desafiaron su misión y su vida como prisionero en esa tierra, Pablo nunca se demoró en su objetivo.
Pasó sus días de prisión escribiendo cartas que hoy constituyen una gran parte del Nuevo Testamento. Su obra como misionero en Roma produjo resultados positivos que trascendieron generaciones. Plantó iglesias y su misión produjo nuevos conversos. Antes de su muerte como mártir cristiano, logró el noble objetivo de ganar almas para Cristo y cumplió el mandato de la Gran Comisión (Mat. 28:19).
En los próximos días, aprenderemos más sobre la vida y la misión de Pablo en la ciudad de Roma.
Simón Oduor, Rongo, Kenia

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