Lección 10 | Domingo 2 de diciembre 2018 | Siervos mutuos | Escuela Sabática Joven

DOMINGO 2 DICIEMBRE
SIERVOS MUTUOS
Evidencia: 2 Cor. 5:18-21
No hay que ser un genio para entender que, cuando dos personas están en conflicto, tiene que haber algo de comprensión mutua y cambio mutuo para que ocurra la sanidad. Hay pocos ejemplos en la historia humana de algún conflicto que solo fue causado por una parte, mientras que la otra parte era totalmente ¡nocente. Siempre están las famosas “dos caras de la moneda” y, para que ocurra la sanidad, hay que explorar ambas partes. El perdón puede ser la norma más difícil que Dios ha puesto ante nosotros, porque va en contra de la naturaleza humana dar misericordia en vez de castigo cuando alguien ha cometido a propósito un agravio abierto. Sin embargo, la reconciliación no solo es una sugerencia, sino un requisito absoluto para quienes son seguidores de Jesús.
La palabra “reconciliar” proviene de un término griego compuesto que significa “cambiar mutuamente”: un indicador claro de lo que Dios requiere en nuestros conflictos personales. Pablo nos dice, en el texto de hoy, que los seguidores de Jesús son sus embajadores, que han recibido el “ministerio” y el “mensaje” de la reconciliación. La palabra “ministerio” en el griego indica las tareas físicas de un siervo, mientras que la palabra “mensaje” refleja un intercambio verbal. Al servir a Jesús como embajadores de su Reino, es necesario que estemos dispuestos a ver los conflictos a través de los ojos de aquellos a quienes ministramos y que, cuando surjan los conflictos, continuemos manifestando las palabras y las acciones del Rey Altísimo a quien representamos. Aunque nunca debemos renunciar a la Palabra de Dios, hay situaciones en las que el cambio mutuo no solo es lo deseable, sino también la única opción para que exista la unidad.
Ahora, con este significado de la palabra “reconciliar” en mente, ¿cómo entendemos que “en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo”? Claramente, vemos que toda la humanidad necesita cambiar para estar unida a Dios, pero ¿podemos esperar un “cambio mutuo” del Rey del universo, quien declara audazmente: “Yo, el Señor, no cambio” (Mal. 3:6)? Es que esta no es una “reconciliación” de iguales o un conflicto entre hermanos y hermanas. La reconciliación sugerida aquí es entre el Todopoderoso y el nada poderoso. ¿Puede Dios ser parte de tal cambio mutuo?
La respuesta se hace clara al continuar la lectura, cuando Pablo enfatiza el cambio que Dios eligió realizar para facilitar la reconciliación: “Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios” (2 Cor. 5:21).
Jesús ya ha realizado el cambio más grande de todos… y espera la reciprocidad de la respuesta humana.
PARA PENSAR Y DEBATIR
¿Qué problemas en tu vida o en tu iglesia pueden requerir un “cambio mutuo” para que haya unidad?
Kandace Zollman. Smithsburg, Maryland. EE.UU.
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ESCUELA SABÁTICA – LECCIÓN FOLLETO JOVEN
Esta semana estudiaremos la lección 10 – La unidad y las relaciones rotas
Para el 8 de diciembre de 2018
Lecciones de Escuela Sabática – Cuarto trimestre 2018
UNIDAD EN CRISTO
Narración: Adan Vicente

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