Lección 10 | Lunes 28 de agosto 2017 | Una probadita de la libertad | Escuela Sabática | Lección Joven

LUNES 28 AGOSTO
UNA PROBADITA DE LA LIBERTAD
Logos | Jer. 31:31-33; Prov. 14:12; Mat. 5:21; Juan 8:34; 12:26; 13:16; Rom. 6; 1 Cor.
7:22, 23
Nacidos como esclavos (Juan 8:34; Rom. 6:16-18)
A lo largo de las edades, la historia nos ha revelado una verdad desgarradora: los seres humanos han sido sometidos a la esclavitud por parte de sistemas y gobiernos corruptos. Los primeros registros en que se menciona la esclavitud (el Código de Hammurabi) datan de aproximadamente 1750 a.C.’ Otros registros también han demostrado que existia la esclavitud en Grecia en el siglo Vil a.C. El siglo XV d.C. marcó la introducción de la trata europea de esclavos y el aumento del cautiverio de esclavos africanos negros.2 Esto se propagó hacia América y muchas partes del mundo. Para estos hombres y mujeres de la historia, la libertad era un sueño perpetuo, que se logró a un costo desgarrador e increíble.
La vicepresidenta de International Mission Justice [Misión de Justicia Internacional], Sharon Cohn We, dice: “El corazón de Dios arde deseando el fin de la esclavitud y que los cautivos sean liberados”. Aunque nosotros no estamos subyugados físicamente como aquellos hombres y mujeres de la historia, nacimos como esclavos del pecado. La verdadera libertad debería ser nuestro anhelo supremo.
Liberados de la esclavitud (Mat. 5:21; Juan 3:27:8:28)
Hace unos dos mil años, Cristo hizo un sacrificio que nos ha libertado para siempre de la esclavitud. Antes de esto, los judíos se aferraban a un sistema rígido, que ellos creían que les daría la salvación. No obstante, no entendieron que el único significado de esos rituales diarios era guiarlos a Aquel que estaba dispuesto a dar todo para comprar su libertad.
Algunos piensan que la muerte de Cristo le puso fin a la necesidad de guardar la ley; pero esto no puede estar más alejado de la realidad. Durante el ministerio terrenal de Cristo, él siempre buscó promover la ley con su manera de vivir y con las enseñanzas que predicaba (Mat. 5:21). Por supuesto, esto fue posible solo por el poder de Dios que estaba en su interior (Juan 3:27; 5:19, 30; 8:28).
La muerte de Cristo en la cruz nos libertó para siempre de la esclavitud del pecado. Pero hay muchos que viven una vida que sugiere lo contrario. Cuando elegimos vivir una vida de pecado, nos mantenemos en prisión. El regalo de la gracia, que Dios nos otorga tan generosamente, no puede ser completamente nuestro hasta que nos lo apropiemos. Ya no se espera que paguemos por nuestros pecados: Cristo nos ha absuelto de todas nuestras deudas. Esta oferta de por vida es absolutamente gratuita.

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