Lección 10 | Lunes 6 de marzo 2017 | El fundamento de la oración Bíblica: pedir a Dios | Escuela Sabática


Lunes 6 de marzo
EL FUNDAMENTO DE LA ORACIÓN BÍBLICA: PEDIR A DIOS
Lee Mateo 7:7. Antes de poder recibir algo de Dios, debemos pedirlo. ¿Por qué es tan importante que pidamos, si Dios ya conoce todas las cosas?
Pedir en oración revela nuestros deseos y expresa nuestra confianza en Dios. Por medio de la oración, nos acercamos a él, en quien buscamos apoyo y ayuda. Cuando pedimos algo a Dios, también le damos permiso públicamente para estar activo en nuestro favor. Dios desea que le pidamos. Desea que llevemos a él nuestros pedidos de oración. Si no le pedimos a él, no recibiremos las bendiciones que ha prometido. Jesús dijo: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Luc. 11:9, 10).
Lee Marcos 11:24; 1 Juan 5:14 y 15; y Salmo 66:18. ¿Por qué no hay pedido de oración demasiado grande para Dios? ¿Por qué es bueno saber que Dios es generoso y le gusta dar de su abundancia? ¿Cuál es el requisito para que Dios responda nuestras oraciones?
Verdaderamente, podemos pedir cualquier cosa a Dios. Ningún pedido es demasiado pequeño o poco importante para él. Ningún pedido es tan grande que Dios no pueda manejarlo. Él es omnipotente. Por fe, podemos reclamar toda promesa de la Biblia y recibir el don prometido de sus manos según su voluntad (2 Cor. 1:20).
Sin embargo, hay algunas condiciones que debemos cumplir a fin de recibir lo que estamos pidiendo. Si no estamos dispuestos a someternos completamente a Dios, y si nuestros pedidos reflejan solamente nuestros deseos egoístas y pecaminosos, Dios no responderá nuestras oraciones (ver Isa. 59:1, 2). Una condición importante para el cumplimiento de nuestras oraciones es que estemos dispuestos a seguir la voluntad de Dios y ser obedientes. “Todos sus dones son prometidos a condición de la obediencia” (PVGM 111). Sabiendo que Dios es generoso, podemos acercarnos confiadamente a él. “El Señor no es glorificado con una súplica débil que muestra que no se espera nada. Él desea que todo creyente se acerque al trono de gracia con fervor y certeza” (RP 286).
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