Miércoles 3 de septiembre
JESÚS Y EL QUINTO MANDAMIENTO
Durante otro encuentro de Jesús con los escribas y los fariseos (Mat. 15:1-20; ver también Mar. 7:1-13), ellos lo interrogaron en cuanto a una tradición de los ancianos, que no figura en la ley de Moisés. Según esta tradición, se debía seguir el ritual de lavarse las manos antes de comer, algo que los discípulos de Jesús no habían hecho. Cristo respondió citando otra tradición de los fariseos que invalidaba el quinto Mandamiento.
Antes de analizar el argumento de Cristo, debemos entender que la tradición establecida por los fariseos, llamada Corban, proviene de una palabra que significa “un don”. Cuando un hombre aplicaba las palabras “es Corban” a una cosa, era considerado un voto: algo dedicado a Dios y al Templo.
Lee Marcos 7:9 al 13. ¿De qué maneras la tradición de los fariseos era una forma sutil de violar el quinto Mandamiento? Considera la importancia de presentar ofrendas a Dios (Éxo. 23:15; 34:20) y la santidad de un voto hecho al Señor (Deut. 23:21-23).
Pareciera que los fariseos habían encontrado la excusa perfecta para negar a los padres el sustento que merecen. Habían ampliado los principios del Pentateuco y los habían transformado en mandamientos de hombres que, según su propio pensamiento, podían sustituir uno de los Mandamientos de Dios.
Esta no es la única ocasión en la que Jesús lidió con la misma perversión espiritual: “Mas ¡ay de vosotros, fariseos! Que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto os era necesario hacer, sin dejar aquello” (Luc. 11:42, énfasis añadido). Los fariseos debían haber guardado ambos mandamientos, honrar primero a su padre y a su madre, sin dejar de lado sus ofrendas al Señor.
No es sorprendente que Jesús haya resumido su argumento aplicando a los fariseos la descripción que Isaías había hecho de los israelitas: “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mat. 15:8, 9). Una vez más, Cristo sostuvo en alto los Diez Mandamientos y contrastó su propia posición con la de los fariseos.
¿De qué forma podrías tú también estar buscando pequeños resquicios legales a fin de evitar cumplir con lo que, claramente, es tu deber?
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