Lección 10 | Miércoles 30 de agosto 2017 | Agar en el Monte Sinaí | Escuela Sabática

Miércoles 30 de agosto
AGAR EN EL MONTE SINAÍ
¿Qué tipo de relación de pacto deseaba establecer Dios con su pueblo en el Sinaí? ¿Qué similitudes comparte con la promesa de Dios a Abraham? Éxodo 6:2-8; 19:3-6; Deuteronomio 32:10-12.
Dios deseaba compartir, con el pueblo de Israel en el Sinaí, la misma relación de pacto que compartió con Abraham. De hecho, existen similitudes entre las palabras de Dios a Abraham en Génesis 12:1 al 3 y sus palabras a Moisés en Éxodo 19. En ambos casos, Dios enfatiza lo que hará por su pueblo. No les pide a los israelitas que prometan hacer algo para obtener sus bendiciones; más bien, deben obedecer como respuesta a esas bendiciones. En Éxodo 19:5, Dios dice: “Si diereis oído a mi voz”. Las palabras de Dios no implican justificación por obras. Al contrario, él deseaba que Israel tuviera la misma fe que caracterizó la respuesta de Abraham a sus promesas (¡por lo menos la mayor parte del tiempo!).
Si la relación de pacto que Dios le ofreció a Israel en el Sinaí es similar a la que le dio a Abraham, ¿por qué Pablo identifica el Monte Sinaí con la experiencia negativa de Agar? Éxodo 19:7-25; Hebreos 8:6, 7.
El pacto del Sinaí tenía la intención de señalar la pecaminosidad de la humanidad y el remedio de la abundante gracia de Dios, que fue tipificada en los servicios del Santuario. El problema con el pacto del Sinaí no fue de parte de Dios sino que fueron las promesas fallidas del pueblo (Heb. 8:6). En vez de responder a las promesas de Dios con humildad y fe, los israelitas respondieron con confianza propia: “Todo lo que Jehová ha dicho, haremos” (Éxo. 19:8). Después de vivir como esclavos en Egipto durante más de cuatrocientos años, no tenían un concepto verdadero de la majestad de Dios ni de la magnitud de su propia pecaminosidad. De la misma manera en que Abraham y Sara intentaron ayudar a Dios a cumplir sus promesas, los israelitas buscaron transformar el Pacto de gracia de Dios en un pacto de obras. Agar simboliza el Sinaí, en que ambos revelan intentos humanos de obtener la salvación por obras.
Pablo no está afirmando que la ley dada en Sinaí era mala o que fue abolida. Está preocupado por la comprensión legalista errada de la Ley por parte de los gálatas. “En vez de servir para convencerlos de la absoluta imposibilidad de complacer a Dios por medio de la obediencia a la Ley, la Ley fomentó en ellos una determinación profundamente arraigada de depender de recursos personales para complacer a Dios. Así, la Ley no sirvió a los propósitos de la gracia de llevar a los judaizantes a Cristo. Más bien, les cerró el paso a Cristo”.–O. Palmer Robertson, The Christ of the Covenants, p. 181.
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