Lección 10 | Miércoles 8 de marzo 2017 | El fundamento de la oración bíblica: reclamar las promesas de Dios | Escuela Sabática


Miércoles 8 de marzo
EL FUNDAMENTO DE LA ORACIÓN BÍBLICA: RECLAMAR LAS PROMESAS DE DIOS
Toda fe es inútil si no reclamamos las cosas por las cuales hemos orado.
Lee 1 Juan 5:14 y 15. ¿Cuál es la razón por la que podemos tener confianza en que Dios nos oye y que recibiremos lo que le hemos pedido?
El tercer aspecto de la oración bíblica es la recepción. Después de pedir a Dios y creer en sus promesas, debemos reclamar lo que él ha prometido. Reclamamos las promesas de Dios cuando le agradecemos por lo recibido. De ese modo, las promesas son aplicadas a nuestro corazón. Elena de White dice que “podemos pedir […] cualquier don que él haya prometido; luego tenemos que creer para recibir y dar gracias a Dios por lo que hemos recibido” (Ed 233).
En Lucas 8:11, Jesús compara la Palabra de Dios con una semilla. Del mismo modo en que el manzano entero está contenido en una semilla de manzana, el don de Dios está contenido en sus promesas. Cuando reclamamos una promesa y agradecemos a Dios por recibirla, ya poseemos el don que él ha prometido. Recibimos el don prometido por fe aun antes de poder sentirlo ni verlo.
El ejemplo de la resurrección de Lázaro en Juan 11 ilustra que Jesús oró de esta manera. Jesús sabía exactamente cuál era la voluntad de Dios en esta situación. Juan 11:11 nos dice que estaba dispuesto a hacer la voluntad de Dios y que fue obediente. En Juan 11:39 al 41, leemos que, por adelantado, Jesús agradeció al Padre por la resurrección de Lázaro, aun cuando Lázaro todavía estaba en la tumba. Cuando Jesús hubo agradecido a Dios, recibió el cumplimiento de su pedido. Como hijos de Dios, debemos vivir basados en las promesas de Dios, no en sus explicaciones. Aun cuando no podamos explicarlo todo, podemos confiar en sus promesas.
“El Señor dice: ‘Invócame en el día de la angustia’ (Sal. 50:15). Él nos invita a presentarle lo que nos tiene perplejos y lo que hemos menester, y nuestra necesidad de la ayuda divina. Nos aconseja ser constantes en la oración. Tan pronto como las dificultades surgen, debemos dirigirle nuestras sinceras y fervientes peticiones. Nuestras oraciones importunas evidencian nuestra vigorosa confianza en Dios. El sentimiento de nuestra necesidad nos induce a orar con fervor, y nuestro Padre celestial es movido por nuestras súplicas” (PVGM 136).
¿Por qué es tan importante, siempre, llevar todo a Dios en oración?
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