Viernes 6 de septiembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: “Ningún hombre presente la idea de que el hombre tiene poco o nada que hacer en la gran obra de vencer, porque Dios no hace nada por el hombre sin su cooperación. Ni tampoco diga que después de haber hecho todo lo que pueda de su parte, Jesús lo ayudará. Cristo ha dicho:
‘Sin mí, nada podéis hacer’ (Juan 15:5). Desde el principio al fin, el hombre ha de obrar junto con Dios. A menos que el Espíritu Santo obre sobre el corazón humano, a cada paso tropezaremos y caeremos. Los esfuerzos del hombre solos son nada y sin valor; pero la cooperación con Cristo significa una victoria. […] Nunca deje la impresión sobre la mente de que hay poco o nada que hacer de parte del hombre; sino más bien enseñe al hombre a cooperar con Dios, para que pueda tener éxito en vencer” (Elena de White, A New Life, pp. 38, 39).
“Toda verdadera obediencia proviene del corazón. La de Cristo procedía del corazón. Y si nosotros consentimos, se identificará de tal manera con nuestros pensamientos y fines, amoldará de tal manera nuestro corazón y mente en conformidad con su voluntad, que cuando obedezcamos estaremos tan solo ejecutando nuestros propios impulsos. La voluntad, refinada y santificada, hallará su más alto deleite en servirlo. Cuando conozcamos a Dios como es nuestro privilegio conocerlo, nuestra vida será una vida de continua obediencia. Si apreciamos el carácter de Cristo y tenemos comunión con Dios, el pecado llegará a sernos odioso” (DTG 621).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. El crecimiento se produce en la vida cristiana cuando reclamamos las promesas de Dios por fe, creyendo que él hará precisamente lo que dice. ¿Cuáles son las promesas que se nos hacen aquí? (1 Juan 1:7-9; Fil. 4:13; Sant. 1:5-8; Rom.
8:31-39). ¿Cómo puedes aprender a creerlas por ti mismo? Más importante, ¿qué elecciones puedes hacer que ayudarán a que estas promesas sean más reales en tu vida?
2. Medita en esta idea de trabajar en tu propia salvación “con temor y temblor”. En la clase, conversen acerca de lo que significa, especialmente en términos de salvación solo por fe. ¿Qué deberíamos temer, qué debería hacernos temblar?
3. ¿Cuándo fue la última vez que hiciste una promesa a Dios que, aunque eras sincero en el momento en que la hiciste, fracasaste totalmente en cumplirla? ¿Qué aprendiste de esa equivocación? ¿Qué principios puedes encontrar en la Biblia que nos capacitarán para tener las victorias que se nos prometen?

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