Lección 12 | Jueves 14 de septiembre 2017 | Andar en el Espíritu | Escuela Sabática Joven

JUEVES 14 SEPTIEMBRE
ANDAR EN EL ESPÍRITU
Opinión | Gál. 5:19-21; Apoc. 3:15,16
Si cierro los ojos, todavía puedo ver y oír los acordes, las voces, y su rostro. El culto familiar generalmente era un evento divertido en mi niñez, y mi padre era el rey de la diversión. Recuerdo estar apretujado en un silloncito, o desparramado sobre una cama bien grande, papá con guitarra en mano, divirtiéndose con los acordes de algún himno o canción cristiana divertidos.
Teníamos varios cantos favoritos, pero el que se destaca hoy es “Los frutos del Espíritu”, un canto cristiano que papá escribió. Cantaba: “El fruto del Espíritu es paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad, dominio propio; no hay ley que condene estas cosas”.
Pero ¿cuáles son los frutos del Espíritu? Quizá nuestro primer instinto sea pensar en las cosas que hacemos: una acción amable, una palabra cortés, la tranquila paciencia en medio del caos. Pero al mirar más de cerca, descubrimos una tendencia interesante en los escritos de Pablo. Cada vez que el apóstol habla sobre las obras de la carne, habla de conducta y prácticas.
“Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gál. 5:19-21).
No obstante, cuando Pablo habla de los frutos del Espíritu, habla de rasgos de temperamento. En otras palabras, son cosas relacionadas con la actitud, no con lo que haces. Por ejemplo, puedo actuar de manera muy amable, pero en mi interior no lo estoy haciendo por buenas razones.
Esto está en armonía con uno de los temas principales de la Biblia: ser auténticos. Si nos detenemos a pensar, la Biblia dice que somos creados a imagen de Dios. Por tanto, nuestros gustos y preferencias reflejan su naturaleza, en tanto que sean puros. ¿Cuántos de nosotros valoramos a un hipócrita? ¿A un amigo falso? A Dios le desagradan estas cosas tanto como a nosotros. Tiene cierta “obsesión” por la autenticidad.
En Apocalipsis 3:15 y 16, dice: “¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero como eres tibio […], te vomitaré de mi boca” (DHH). Si solamente demostramos obras de amor externo sin la disposición o la actitud interna del amor, ¡somos aún menos auténticos que las personas que realizan las obras de la carne!
Dios quiere darnos actitudes genuinas de “amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad, mansedumbre” para que nosotros, y todos los demás, sepan que “hemos estado con Jesús”.

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