Martes 17 de diciembre
LA VINDICACIÓN EN LA CRUZ
Desde el mismo comienzo, Dios no dejó lugar a dudas de que él anularía las acusaciones de Satanás, y demostraría su amor y justicia. Su justicia demanda que se pague la penalidad por el pecado de la humanidad. Su amor procura restaurar a la humanidad al compañerismo con él. ¿Cómo puede Dios manifestar ambas cosas?
¿Cómo demostró Dios tanto su amor como su justicia? 1 Juan 4:10; Rom. 3:21-26.
El carácter de amor y justicia de Dios se ha revelado en su manifestación más completa en la muerte de Cristo. Dios nos amó y envió a su Hijo para ser el sacrificio expiatorio por nuestros pecados (1 Juan 4:10; Juan 3:16). Al pagar en sí mismo la penalidad por violar la Ley, Dios mostró su justicia: la demanda de la Ley debía ser satisfecha, y lo fue en la cruz, pero en la persona de Jesús.
Al mismo tiempo, por su acto de justicia, Dios también pudo revelar su gracia y amor, porque la muerte de Jesús fue sustitutiva. Él murió por nosotros, en nuestro lugar, de modo que no tuviéramos que afrontar nosotros mismos la muerte. Esta es la maravillosa provisión del evangelio: que Dios mismo cargara en sí mismo el castigo que su propia justicia exigía, el castigo que legítimamente nos correspondía.
Romanos 3:21 al 26 es una joya bíblica sobre el tema de la justicia y la redención de Dios en Jesucristo. La muerte expiatoria de Cristo es una demostración de la justicia de Dios, de modo que “él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Rom. 3:26).
Otra vez, las imágenes del Santuario proporcionan el marco para la muerte de Cristo. En semanas previas, vimos que su muerte es un sacrificio perfecto, sustitutivo, y que Cristo es la “propiciación” [cubierta de expiación] (Rom. 3:25). En pocas palabras, ambos Testamentos revelan que la misión de Cristo fue tipificada por el servicio del Santuario terrenal.
“Con intenso interés, los mundos que no habían caído habían mirado para ver a Jehová levantarse y barrer a los habitantes de la Tierra. […] Pero, en vez de destruir al mundo, Dios envió a su Hijo para salvarlo. […] En el mismo momento de la crisis, cuando Satanás parecía estar a punto de triunfar, el Hijo de Dios vino como embajador de la gracia divina” (DTG 28). ¿Qué nos dice esta cita acerca del carácter de Dios?

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