Lección 12 | Miércoles 13 de septiembre 2017 | El fruto del Espíritu | Escuela Sabática

Miércoles 13 de septiembre
EL FRUTO DEL ESPÍRITU
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gál. 5:22, 23). La obediencia a los Diez Mandamientos ¿cómo refleja el fruto del Espíritu según se expresa en estos versículos? (Ver también Mat. 5:21, 22, 27, 28; 22:35-40.)
Los Diez Mandamientos no son una alternativa al amor; nos ayudan a guiarnos en cuanto a cómo debemos demostrar amor, tanto a Dios como a la humanidad. Por mucho que trascienda la letra de la Ley, el amor no está reñido con la Ley. La idea de que el amor a Dios y el amor al prójimo anulan los Diez Mandamientos tiene tanto sentido como decir que el amor por la naturaleza anula la ley de la gravedad.
Además, mientras que se emplea un solo vocablo para describir a cada una de las 17 obras de la carne, el fruto del Espíritu se describe con 9 virtudes refinadas. Los eruditos creen que estas 9 virtudes están organizadas en 3 grupos de 3, pero hay poco consenso en cuanto a la importancia del orden. Algunos ven una referencia implícita a la Trinidad en el número tres; otros creen que las tres tríadas reflejan el modo en que deberíamos relacionarnos con Dios, con nuestro prójimo y, por último, con nosotros mismos; y otros ven la lista esencialmente como una descripción de Jesús. Aunque cada uno de estos puntos de vista tiene algún mérito, lo más importante que no debemos pasar por alto es la importancia suprema que Pablo le da al amor en la vida cristiana.
El hecho de que Pablo coloque al amor en primer lugar en la lista de 9 virtudes no es accidental. Ya ha resaltado el papel central del amor en la vida cristiana en Gálatas 5:6 y 13, y lo incluye en sus otras listas de virtudes (2 Cor. 6:6; 1 Tim. 4:12; 6:11; 2 Tim. 2:22). Si bien todas las otras virtudes aparecen también en otras fuentes no cristianas, el amor es distintivamente cristiano. Todo esto indica que el amor no debe considerarse meramente como una virtud más entre muchas, sino como la virtud cristiana cardinal, que es la clave de todas las demás virtudes. El amor es el fruto preeminente del Espíritu (1 Cor. 13:13; Rom. 5:5), y debería definir la vida y las actitudes de todo cristiano (Juan 13:34, 35), por más difícil que a veces resulte mostrar amor.
¿Cuánta negación propia implica el amor? ¿Puedes amar sin negarte a ti mismo? ¿Qué nos enseña Jesús acerca del amor y la negación propia?
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