LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Juan 11:11; 1:1-4; Lucas 8:54, 55; Juan 5:28, 29; Mat. 5:22, 29; Juan 11:38-44.
PARA MEMORIZAR:
“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25).
LOS SERES HUMANOS TENEMOS UNA REPULSIÓN innata hacia la muerte, porque fuimos creados solamente para vivir y nunca morir. La muerte es un intruso; no debió haber existido nunca.
Por eso, durante su ministerio terrenal, Jesús demostró una inmensa simpatía hacia los allegados de los difuntos. Cuando vio a la viuda de Naín llevando a la tumba a su único hijo, “se compadeció de ella, y le dijo: No llores” (Luc. 7:13). Cristo consoló al padre descorazonado de una niña de doce años que acababa de fallecer, y le dijo: “No temas, cree solamente” (Mar. 5:36). Cada vez que la muerte se lleva a un ser querido, Jesús se conmueve entrañablemente por nuestro dolor. Su corazón compasivo llora con nosotros.
Pero, Cristo hace mucho más que llorar. Habiendo conquistado la muerte con su propia muerte y su resurrección, él tiene las llaves de la muerte y promete resucitar para vida eterna a todos los que creen en él. Esta es, por lejos, la mayor promesa que se nos ha dado en la Palabra de Dios; de lo contrario, si la muerte tuviera la última palabra, toda nuestra vida y todo lo que alguna vez logremos sería en vano.
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(1884)

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Comentarios

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1 Comment

  • Carlos Morales 4 años ago

    Gracias por tan buen repaso. Dios siga bendiciendo este sitio, semana a semana veo este repaso. Saludos desde Huimanguillo, Tabasco.