Lección 13 | Domingo 17 de septiembre 2017 | Resiste o date por vencido | Escuela Sabática Joven

DOMINGO 17 SEPTIEMBRE
RESISTE O DATE POR VENCIDO
Logos | 2 Crón. 36:16-20; Jer. 20:7; Mat. 11:28-30.
He visto a algunos amigos incursionar en el pecado. Algunos, al ver el error de su proceder, vuelven rápidamente a Jesús, se arrepienten y se concentran nuevamente en Cristo. Afortunadamente, esta fue y sigue siendo mi historia. Sin embargo, he visto a otros que, luego de incursionar en el pecado, han abandonado todo esfuerzo por corregirse espiritualmente. Probablemente, cualquiera que esté leyendo esto pueda entender ambas historias. El siguiente estudio bíblico resalta lo importante que es una relación con Jesús, y cuán sencilla y satisfactoria puede ser.
La carga del llamado (Jer. 20:7)
¿Alguna vez has estado en una situación desesperada, o has afrontado a una tarea muy difícil? Esa es la definición misma del llamado de Jeremías: “¡Me sedujiste, Señor, y yo me dejé seducir! Fuiste más fuerte que yo, y me venciste. Todo el mundo se burla de mí; se ríen de mí todo el tiempo” (Jer. 20:7). Un llamado al ministerio no suele ser fácil, pero el grado de dificultad nunca debería determinar si nuestro llamado es legítimo o no. Jeremías expresó fervientemente estas palabras al Señor cuando luchaba con la naturaleza de su llamado.
En realidad, en el libro de Jeremías hay varias confesiones, o lamentaciones, al Señor, en las que Jeremías vuelca en cada versículo sus frustraciones y cargas relacionadas con el llamado tan difícil que recibió del Señor.’ Jeremías fue llamado a ministrar a un pueblo que no quería saber nada de él o de sus mensajes proféticos.
De alguna manera, Jeremías encontró fuerzas para avanzar en su ministerio, a pesar de la emoción y la frustración abrumadoras de su llamado. Continuó amando a su pueblo aunque ellos se burlaron de él y lo persiguieron. La historia de vida de Jeremías es triste, y tiene un final triste. No obstante, la fidelidad de Jeremías al llamado de Dios en su vida es, quizá, la más inspiradora de toda la Biblia.
El juicio a Jerusalén (2 Crón. 36:16-20)
Justo antes de la caída de Jerusalén, el autor de 2 Crónicas hace la siguiente observación sobre el pueblo: “Pero ellos se burlaban de los mensajeros de Dios, tenían en poco sus palabras, y se mofaban de sus profetas. Por fin, el Señor desató su ira contra el pueblo, y ya no hubo remedio” (2 Crón. 36:16). Luego de esto, el Señor llamó al enemigo de Jerusalén, los caldeos, la clase gobernante de los babilonios, para que atacaran y destruyeran totalmente Jerusalén.
La clave aquí es que el corazón de los israelitas estaba totalmente cerrado a la Palabra del Señor; les dejó de importar. El pecado es una condición degenerativa, que comienza como algo pequeño y controlable, pero que si no se lo entrega a Dios, crece y toma el control de la orientación misma de nuestros corazones. Una segunda observación estremecedora que encontramos aquí es que el Señor llamó a los enemigos de Israel para destruir Jerusalén. La interpretación de este versículo ilustra que cuando nos entregamos por completo al pecado, el Señor no tiene otra opción que retirar su protección espiritual; no porque no quiera protegernos, sino porque hemos dado la espalda a esa protección.
Sembrar y cosechar (Luc. 22:3; Hech. 5:1-5)
El libro de Lucas hace una declaración inquietante: “Entonces entró Satanás en Judas, uno de los doce, al que llamaban Iscariote” (Luc. 22:3). ¿Cómo podía ser posible que Satanás

literalmente entrara en el corazón de un hombre que pasó años en el círculo íntimo de Jesús? Esta es una lección estremecedora. No solo es Importante que estemos cerca del Señor, sino también que nuestro corazón se fortalezca en Jesús. Judas pasó años físicamente cerca de Jesús, pero nunca le entregó su corazón totalmente. Esta fue la grieta en su armadura espiritual por la que entró Satanás.
En Hechos, volvemos a ver esta característica inquietante, cuando Pedro le pregunta a Ananías: “¿Cómo es posible que Satanás haya llenado tu corazón para que le mintieras al Espíritu Santo?” (Hech. 5:3). Nuestra vida diaria está inmersa en una batalla espiritual cósmica de forma evidente y sutil, al mismo tiempo. A veces, es fácil pasar por alto aspectos críticos de nuestra vida que necesitan de Jesús. De manera similar, podemos aferrarnos de hábitos y acciones que nos hacen sentir bien, a costa de no entregarnos completamente a Cristo. Pero este no es un mensaje sobre nuestras obras, sino sobre nuestro corazón.
Bendiciones exponenciales (Mat. 11:28-30)

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