LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Mateo 4:8, 9; Daniel 2:44; 1 Pedro 2:11; 1 Corintios 6:9-11; Apocalipsis 22:14, 15; 1 Corintios 15:26.
PARA MEMORIZAR:
“Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jer. 31:33).
EN 2011 MURIÓ STEVE JOBS, EL FUNDADOR DE LA COMPAÑÍA APPLE. Tenía 56 años. Años antes, después de un ataque de cáncer, Jobs llamó a la muerte “el mejor invento individual de la vida”, porque nos obliga a lograr lo mejor que podamos hacer aquí. En otras palabras, como el tiempo es tan limitado, debemos tratar de tener ahora tanto éxito como podamos.
Sin embargo, Jobs lo entendió al revés. Lo que lo impulsó a buscar una mayor participación en este mundo, la muerte (o por lo menos lo inevitable que era), reveló la futilidad de desarrollar raíces demasiado permanentes aquí, que es terreno muy superficial. Es cierto, Jobs logró mucho; pero, en contraste con la eternidad, ¿qué importa?
En realidad, se nos ha prometido que este mundo y todo lo que hay en él serán destruidos, y Dios establecerá un mundo nuevo y eterno donde el pecado y la muerte (resultados de la violación de la Ley de Dios) nunca existirán.
Esta semana consideraremos el tema del Reino eterno de Dios y la función de la Ley en relación con ese reino.

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