Lección 13 | Lecciones de Jeremías | Escuela Sabática | Cuarto trimestre


 

Lección 13: Para el 26 de diciembre de 2015

LECCIONES DE JEREMÍAS

 

Sábado 19 de diciembre

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Jeremías 2:13; 6:20; 7:1-10; Mateo 9:12; Deuteronomio 6:5; Jeremías 10:1-5; 23:1-8.

PARA MEMORIZAR:

“He aquí vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra” (Jer. 23:5).

LLEGAMOS AL FINAL DE NUESTRO ESTUDIO de Jeremías. Ha sido una aventura: mucho drama, emoción y energía en la epopeya de nuestro profeta.

Como todos los profetas, Jeremías no escribió en un vacío: su mensaje, de Dios para el pueblo, fue dado en lugares, momentos y circunstancias específicos.

Sin embargo, por radicalmente diferentes que sean esas circunstancias de las nuestras, o de las de otras generaciones que leyeron a Jeremías, los principios vitales expresados allí son los mismos para el pueblo de Dios en toda época: principios como la fidelidad a Dios y la obediencia a sus mandamientos; la verdadera religión del corazón, a diferencia de los ritos vacíos que dejan a la gente en un estado de falsa complacencia; el verdadero reavivamiento y reforma; el confiar en el Señor y en sus promesas… Y la lista sigue.

Esta semana consideremos algunas de las muchas lecciones que podemos aprender de esta revelación del amor de Dios por su pueblo aun en medio de advertencias atronadoras acerca de adónde los llevarían sus acciones.

 

Domingo 20 de diciembre

EL DIOS DE JEREMÍAS

Los adventistas del séptimo día entienden que en el centro de la gran controversia existe un tema vital: ¿Cuál es el carácter de Dios? ¿Cómo es realmente Dios? ¿Es un tirano arbitrario, como lo evalúa Satanás, o es un Padre amante y preocupado que solo quiere el bien para nosotros? Estas preguntas realmente son las más importantes en todo el universo. Después de todo, ¿cuál sería nuestra situación si Dios, en vez de ser bondadoso y estar dispuesto al autosacrificio, fuese arbitrario, cruel y sádico? Estaríamos mejor sin un Dios que teniendo un Dios así.

Por eso, las preguntas son de enorme importancia. Afortunadamente, tenemos las respuestas, y se las ve mejor en la Cruz.

“Nunca olvidarán que aquel cuyo poder creó los mundos innumerables y los sostiene a través de la inmensidad del espacio, el Amado de Dios, la Majestad del cielo, aquel a quien los querubines y los serafines resplandecientes se deleitan en adorar, se humilló para levantar al hombre caído; que llevó la culpa y el oprobio del pecado, y sintió el ocultamiento del rostro de su Padre, hasta que la maldición de un mundo perdido quebrantó su corazón y le arrancó la vida en la cruz del Calvario. El hecho de que el Hacedor de todos los mundos, el Árbitro de todos los destinos, dejase su gloria y se humillase por amor al hombre, despertará eternamente la admiración y la adoración del universo” (CS 709).

¿Cómo se revelan la naturaleza y el carácter de Dios en los siguientes textos de Jeremías? Es decir, ¿qué nos enseñan estos textos acerca de Dios?

Jer. 2:13

Jer. 5:22

Jer. 11:22

Jer. 31:3

Jer. 3:7

Estas son solo unas pocas de las muchas imágenes y expresiones usadas en el libro que nos revelan algo de la naturaleza y el carácter de Dios. Él es la Fuente de vida; el poderoso Creador; un Dios de juicio; un Dios que nos ama y nos llama, una y otra vez, a arrepentirnos de nuestros pecados y a apartarnos de las sendas que conducen a nuestra destrucción.

¿Qué evidencias del carácter amante de Dios has visto en tu propia vida?

 

Lunes 21 de diciembre

RITOS Y PECADO

“Hay un documento que registra la interminable lucha de Dios con la religión organizada, conocido como la Biblia”.−Terry Eagleton, Reason, Faith, and Revolution: Reflections on the God Debate, p. 8, ed. Kindle.

Esto no es del todo cierto, porque la religión de la Biblia, la religión que Dios ha dado a la humanidad, siempre fue una “religión organizada”.

Por otro lado, no hay dudas de que, en el libro de Jeremías, el Señor estaba procurando conseguir que su pueblo se alejase de los ritos organizados pero fríos, muertos, que llegaron a dominar su fe, ritos que ellos creían que cubrían el pecado.

Como se dijo antes, pero es bueno repetirlo, la vasta mayoría de las luchas de Jeremías fue con los líderes, los sacerdotes y la gente que creía que por ser los elegidos de Dios, los hijos de Abraham, el pueblo del Pacto, estaban bien con Dios. Un triste engaño del que nosotros, también de la simiente de Abraham (Gál. 3:29), debemos precavernos.

¿Cuál es el mensaje de Jeremías 6:20 y 7:1 al 10? Pero, más importante, ¿de qué manera podemos aplicar estos principios a nuestro propio caminar con el Señor?

Lee Jeremías 7:9 y 10. Si alguna vez alguien quiso encontrar una situación que reflejara lo que se ha dado en llamar “gracia barata”, ciertamente es esta. El pueblo hace todas esas cosas pecaminosas y ¿luego va al templo y “adora” al verdadero Dios, y reclama el perdón de sus pecados? Dios no puede ser burlado. A menos que cambiaran sus caminos, especialmente la manera en que trataban a los débiles entre ellos, tendrían que afrontar un juicio severo.

Estaban bajo un engaño al creer que su religión organizada y sus ritos eran suficientes para cubrir sus pecados, de modo que pudieran continuar en esos pecados.

¿Cuál es la diferencia entre aquello contra lo que Jeremías está amonestando y lo que Jesús dijo en Mateo 9:12? ¿Por qué es importante conocer esa diferencia?

 

Martes 22 de diciembre

RELIGIÓN DEL CORAZÓN

“De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Rom. 14:12).

Mucho del libro de Jeremías está dirigido contra la nación como un todo. Una y otra vez habló acerca de Israel y de Judá como cuerpos, como la “vid escogida” (Jer. 2:21), su “amada” (Jer. 11:15; 12:7), “la heredad” de Dios (Jer. 12:7-9), su “viña” (Jer. 12:10) y su “rebaño” (Jer. 13:17). Sin duda, el libro presenta un sentido de la naturaleza corporativa del llamado de Dios a la nación.

Por supuesto, lo mismo sucede en el Nuevo Testamento, donde una y otra vez se entiende a la iglesia en un sentido corporativo (ver Efe. 1:22; 3:10; 5:27).

No obstante, la salvación es personal, no un tema corporativo. No somos salvados en un conjunto. Como con la iglesia del Nuevo Testamento, la nación de Judá estaba compuesta por individuos, y es aquí, en el nivel de la persona, donde surge el problema vital. El famoso texto de Deuteronomio 6:5: “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas”, aunque hablado a la nación como un todo, está escrito en segunda persona del singular. Es decir, el “tu” en cada caso es singular; Dios está hablando a cada uno individualmente. Al final, cada uno de nosotros, personalmente, tendrá que dar cuenta de sí mismo a Dios.

Y esto también lo encontramos en Jeremías.

¿Qué enseñan los siguientes textos acerca de la importancia de un caminar personal, individual, con el Señor?

Jer. 17:7

Jer. 17:10

Jer. 29:13

Jer. 9:23, 24

Aunque tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo hablan acerca de la naturaleza corporativa de la iglesia de Dios, la verdadera fe es un asunto de cada persona, haciendo una entrega diaria al Señor, una elección personal de caminar en fe y obediencia.

Aunque no hay duda de que somos individualmente responsables por nuestras propias almas, ¿cómo podemos estar seguros de que estamos haciendo todo lo posible por animar y elevar a otros? ¿A quién conoces, ahora mismo, a quien puedes decirle algunas palabras bondadosas y elevadoras?

 

Miércoles 23 de diciembre

EL CREPÚSCULO DE LOS ÍDOLOS

¿Cuál fue uno de los grandes pecados que el pueblo cometió, y con el que Jeremías tuvo que luchar constantemente? (Jer. 10:1-15).

Es interesante notar en estos textos no solo la forma en la que el profeta muestra cuán vanos e inútiles son los ídolos, sino cómo los contrasta con el Dios vivo. Estos dioses son impotentes, inútiles, vacíos y falsos; ¡qué contraste con el Señor que hizo los cielos y la Tierra! Él permanecerá para siempre, mientras que estos ídolos desaparecerán para siempre. Por ello, ¿a quién debemos adorar y dedicar nuestra vida: a lo que es débil, falso, vano e impotente o a Dios, cuyo poder es tan grande que creó y sostiene el universo? La respuesta, por supuesto, es obvia.

Sin embargo, por obvia que sea la respuesta, el hecho es que también corremos el peligro de caer en la idolatría. Aunque hoy no adoremos la misma clase de ídolos que los del tiempo de Jeremías, nuestra vida moderna está llena de falsos dioses. Estos ídolos modernos pueden ser cualquier cosa que amemos más que a Dios; cualquier cosa que “adoremos” (y adorar no siempre significa cantar y orar) llega a ser nuestro dios, y somos culpables de idolatría.

¿Cuáles son algunas de las cosas a las que estamos en peligro de convertir en ídolos? Cosas como dispositivos digitales, dinero, fama, incluso otras personas. Haz una lista de esos ídolos potenciales y luego pregúntate: ¿qué salvación real ofrecen?

Por supuesto, sabemos intelectualmente que ninguna de estas cosas es digna de adoración. Sabemos que, al final, nada que este mundo nos ofrece, nada que constituyamos en un dios, puede satisfacer nuestra alma ni, ciertamente, nos podrán redimir. Si bien sabemos todas estas cosas, a menos que seamos cuidadosos, a menos que mantengamos ante nosotros a Jesús y lo que hizo por nosotros, podemos ser fácilmente arrastrados a una forma moderna de idolatría contra la que Jeremías peleó tanto.

 

Jueves 24 de diciembre

EL REMANENTE

“Durante los años finales de la apostasía de Judá, las exhortaciones de los profetas parecían tener poco efecto; y cuando los ejércitos de los caldeos vinieron por tercera y última vez para sitiar a Jerusalén, la esperanza abandonó todo corazón. Jeremías predijo la ruina completa; y porque insistía en la rendición se lo arrojó finalmente a la cárcel. Pero Dios no abandonó a la desesperación completa al fiel residuo que quedaba en la ciudad. Aun mientras los que despreciaban sus mensajes lo vigilaban estrechamente, Jeremías recibió nuevas revelaciones concernientes a la voluntad del Cielo para perdonar y salvar, y ellas han sido desde aquellos tiempos hasta los nuestros una fuente inagotable de consuelo para la iglesia de Dios” (PR 343, 344).

Aún en medio de la apostasía generalizada y la derrota, Dios siempre tuvo un pueblo fiel, aunque pequeño en número. Como en el caso de muchos de los profetas, una buena parte del énfasis de Jeremías fue sobre la apostasía y la infidelidad –porque de esas cosas quería Dios salvar al pueblo−; a lo largo de la historia sagrada, Dios siempre tuvo un remanente fiel, y esto seguirá hasta el fin del tiempo (ver Apoc. 12:17).

¿De qué modo el concepto de remanente está expresado en Jeremías 23:1 al 8? ¿De qué forma se aplica esto en los tiempos del Nuevo Testamento? (Ver también Jer. 33:14-18.)

En los versículos 5 al 7, los eruditos han visto una profecía mesiánica de redención para el pueblo fiel de Dios. Aunque es cierto que, después del exilio babilónico, un remanente volvió, no fue un retorno glorioso. Sin embargo, los propósitos de Dios se cumplirán por medio del linaje de David, por medio del “renuevo justo”, el Rey que un día reinará.

Esta profecía tuvo un cumplimiento parcial en la primera venida de Jesús (ver Mat. 1:1; 21:7-9; Juan 12:13), y tendrá su cumplimiento final en la Segunda Venida (ver Dan. 7:13, 14), cuando todo el pueblo fiel de Dios, su verdadero remanente, morará para siempre en paz y seguridad. La redención, simbolizada por el Éxodo desde Egipto, será final, completa y eterna.

¿En qué fijas tus esperanzas? ¿Cómo puedes aprender a confiar más y más en las promesas de Dios y su cumplimiento en tu propia vida? ¿Qué tienes fuera de ellas?

 

Viernes 25 de diciembre

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Hace muchos años un pastor adventista del séptimo día llamado W. D. Frazee predicó un sermón titulado “Ganadores y perdedores”. En él repasó la vida de diversos personajes bíblicos, considerando su obra y su ministerio, y luego hizo una pregunta con respecto a cada uno: ¿Fue él un ganador o un perdedor?

Por ejemplo, consideró a Juan el Bautista, que vivió una vida solitaria en el desierto. Aunque finalmente tuvo unos pocos seguidores, nunca fueron muchos, y ciertamente no tantos como Jesús tuvo más tarde. Además, Juan vivió sus últimos días en una oscura prisión donde, a veces, fue atacado por la duda; y finalmente le cortaron la cabeza (Mat. 14). Después de contar todo esto, el pastor Frazee pregunta: “¿Fue Juan un ganador o un perdedor?”

¿Qué sucede con Jeremías el profeta? ¿Cuánto éxito tuvo en la vida? Sufrió mucho, y no tuvo miedo de quejarse y lamentarse. Con pocas excepciones, parece que a los sacerdotes, los profetas, los reyes y al pueblo común no solo no les gustaba lo que tenía para decir, sino también lo tomaban a mal. Hasta se lo consideró un traidor contra su propio pueblo. Al final, llegó la destrucción y la ruina contra la que advirtió toda su vida mientras que una y otra vez el pueblo rechazaba sus palabras. Lo arrojaron a una sucia mazmorra, esperando que muriera allí. Vivió para ver que su nación fue a un terrible exilio mientras Jerusalén y el Templo fueron destruidos. De este modo, desde una perspectiva humana, no le fue muy bien a Jeremías. Desde esa perspectiva, se podría afirmar que su vida fue bastante miserable.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. ¿Fue Jeremías un ganador o un perdedor? ¿Cuáles son las razones para la respuesta que diste? Si afirmas que fue un ganador, ¿qué te dice eso acerca de cuán vital es que no juzguemos la realidad por las normas mundanas? ¿Qué normas hemos de usar para tratar de comprender lo que es correcto y lo que es equivocado, el bien y el mal, el éxito y el fracaso?

  2. ¿De qué maneras vemos la vida y el ministerio de Jesús prefigurado en Jeremías? ¿Cuáles son las semejanzas?

  3. Más temprano en la semana vimos el problema de la “gracia barata”, la creencia de que cumplir ciertos ritos religiosos es todo lo que se necesita para cubrir el pecado. ¿Qué es la verdadera gracia, en contraste con la versión de la gracia barata, inútil y engañosa contra la que se advierte aquí?

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