ESPT300X395LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Génesis 1:1-13; Isaías 45:18; 1 Juan 1:5; Apocalipsis 22:5; 2 Corintios 4:6; 2 Pedro 3:5; Job 38:4-6.

PARA MEMORIZAR:
“Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro” (Isa. 45:18).

LOS CIENTÍFICOS están cada vez más impresionados por lo adecuado que es el mundo para las criaturas vivientes. Y no es extraño, porque el diseño y el propósito se afirman en toda la Biblia, comenzando con Génesis 1. En un planeta desordenado y vacío, Dios pasó los primeros tres días preparando el mundo para ser ocupado, y los tres últimos días, llenándolo. Esta semana nos concentraremos en esos tres primeros días.

Algunos eruditos objetan la idea de que Dios “impone” un propósito a la naturaleza. Alegan, en cambio, que él solo permitió que el mundo natural fuera “él mismo” y se desarrollara por procesos naturales supuestamente inherentes. Este es un tema común entre los que promueven formas de “evolución teísta”. Pero, estas ideas no son compatibles con la Biblia o con nuestra comprensión de la creación. El universo no tiene en sí mismo voluntad propia inherente. La creación no es una entidad independiente de Dios, sino el escenario en el que Dios les expresa su amor a las criaturas que él hizo.

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