LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Mateo 24:30; Daniel 7:13, 14; Mateo 11:27; Lucas 5:17-26; Juan 8:58; Mateo 20:28.
PARA MEMORIZAR:
“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mar. 10:45).
DESPUÉS DE MÁS DE DOS AÑOS DE MINISTERIO PÚBLICO, Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” (Mat. 16:13). Fue fácil para ellos informarle lo que habían escuchado que decía la gente acerca de él. Pero, más difícil fue responder la siguiente pregunta: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” (Mat. 16:15). Ahora era una pregunta personal. Jesús no les pidió sus opiniones acerca de su apariencia exterior ni de su carácter. En lugar de eso, su pregunta apuntó a la esencia del ser de Jesús. Tenían que expresar su convicción y su fe personales.
Todo ser humano, tarde o temprano, deberá responder la misma pregunta. Tenemos que decidir, individualmente, quién es Jesús para nosotros. No sirve repetir lo que otros han dicho o creído. La respuesta debe ser nuestra propia creencia personal. Y de esa respuesta depende el destino de cada ser humano.

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