Jueves 9 de octubre
EL RICO Y EL POBRE
En su breve epístola, Santiago muestra gran preocupación por la gente pobre; algunos hasta la consideran su tema principal. Pero, para los oídos modernos, sus ataques contra los ricos en favor de los pobres parecen extremos, hasta chocantes. Sin embargo, al mismo tiempo, Santiago no está diciendo nada muy diferente de lo que dijo Jesús.
Compara Santiago 1:9 al 11 con Lucas 8:14; Santiago 1:27 con Mateo 25:37 al 40; Santiago 2:15 y 16 con Lucas 10:29 al 37; y Santiago 5:1 al 4 con Lucas 12:16 al 21. ¿Cuál es el mensaje común allí para nosotros? ¿Qué advertencias y amonestaciones podemos obtener de lo que aquí está tan claramente expresado?
Por supuesto, Santiago no les cierra las puertas del Reino a todas las personas ricas. Pero, como Jesús, reconoce las insidiosas tentaciones que vienen con la riqueza. Tanto ricos como pobres necesitamos mantener nuestros ojos abiertos sobre el verdadero premio. El problema con el dinero es que tiende a engañarnos, haciendo que nos concentremos en lo temporal en lugar de lo eterno (2 Cor. 4:18).
No hay dudas: adquirir riqueza, alcanzar altos grados de educación o tener influencia social tienden a separar a las personas de los “menos afortunados”. No obstante, la iglesia primitiva mantuvo juntas las dos clases, dando vuelta los valores del mundo. Quien se coloca último, en el lugar del humilde, es el que se puede gloriar en la exaltación.
“Mientras en el mundo haya hambrientos que alimentar, desnudos que vestir, almas que perecen por el pan y el agua de la salvación, cada complacencia innecesaria, cada sobrante de capital, clama en favor de los pobres y desnudos” (MB 283).
¿Qué sucede contigo? Si eres rico o pobre, no importa; lo que interesa es cómo te relacionas con el dinero. ¿Qué tiene el dinero que lo hace tan potencialmente peligroso para nuestra alma?
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