Lección 3 | Domingo 15 de enero 2017 | El Espíritu Santo y Dios | Escuela Sabática


Domingo 15 de enero
EL ESPÍRITU SANTO Y DIOS
La Biblia no presenta una descripción sistemática de la divinidad del Espíritu Santo. Más bien, encontramos pistas interesantes que indican que los escritores bíblicos consideraban al Espíritu Santo como igual a Dios. Hay varios pasajes bíblicos en los que la misma actividad es atribuida a Dios y, luego, también al Espíritu Santo.
Lee Hechos 5:1 al 4. ¿Qué podemos concluir acerca de Dios y del Espíritu Santo a partir de las palabras de Pedro a Ananías?
Si el Espíritu Santo no fuera Dios, entonces Pedro habría estado hablando aquí de una manera muy descuidada y engañosa. El aspecto interesante acerca de la naturaleza del Espíritu Santo, sin embargo, es el hecho de que el apóstol Pedro coloca a Dios y al Espíritu Santo en el mismo nivel. En el versículo 3, le pregunta a Ananías por qué le ha mentido al Espíritu Santo, y continúa al final del versículo 4: “No has mentido a los hombres, sino a Dios”. Pedro, claramente, iguala al Espíritu Santo con Dios. Su argumento es que Ananías no solamente estaba mintiéndole a los apóstoles, sino a Dios mismo. Mentirle al Espíritu Santo es mentirle a Dios. El Espíritu Santo es Dios. Pedro lo expresa aquí muy claramente.
¿Por qué el castigo por lo que hicieron estas dos personas fue tan duro?
Debemos recordar que los creyentes de la iglesia primitiva, en Hechos, eran “de un corazón y un alma” (Hech. 4:32). Esta unidad era producto del Espíritu Santo, y esta es la razón por la cual compartían libre y voluntariamente lo que poseían. Mentir con respecto a lo que compartían era negar la unidad de la comunidad y negar al Espíritu, que sustentaba esa unidad y la hacía posible.
Por esta razón, la mentira de Ananías y su esposa falsificó la obra divina y la presencia del Espíritu Santo en la comunidad de la iglesia temprana. Una deshonestidad tan grande hacia Dios es destructiva e impide que el Espíritu de Dios pueda trabajar de manera efectiva en la vida de los creyentes. Dios desea que lo sirvamos indivisamente. Debido a que la naciente comunidad de fe estaba en un momento crucial de su existencia, Dios utilizó consecuencias drásticas para asegurarse de que la nueva iglesia trabajara al unísono y con fidelidad del uno hacia el otro, y estuviera dispuesta a dejarse guiar por su Espíritu.
Piensa cuán fácilmente Ananías y Safira podrían haber justificado su pecado: “Después de todo, ¿acaso no hemos vendido nuestra propia propiedad y hemos dado un poco a la iglesia? ¿Cuál es el problema si nos guardamos un poco?” ¿Qué debería decirnos esta historia acerca de cuán cuidadosos debemos ser en cuanto a cómo justificamos nuestras acciones?
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