LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Juan 14:16-18, 26; 15; 26; Mateo 12:31, 32; Juan 16:8; 3:5-8; Lucas 11:9-13.
PARA MEMORIZAR:
“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16).
DE LAS TRES PERSONAS DE LA DEIDAD, el Espíritu Santo es el menos comprendido. Es irónico que la Persona que está más cerca de nosotros, nos hace nacer de nuevo, habita en nosotros y nos transforma sea aquella de quien sabemos tan poco.
Esto se debe a que la Biblia es menos explícita respecto del Espíritu Santo que del Padre y del Hijo. Aunque hay muchas referencias al Espíritu en las Escrituras, muchas de ellas son metafóricas o simbólicas. La Biblia habla ampliamente acerca de la obra del Espíritu, pero muy poco de su naturaleza.
Otra razón surge del ministerio del Espíritu Santo. Él está tratando constantemente de centrar nuestra atención en Cristo, no en sí mismo. En el plan de salvación, el Espíritu desempeña un rol subordinado al Padre y al Hijo, aunque esta función no implica que sea de naturaleza inferior.
Esta semana, al escuchar lo que Jesús enseñó acerca del Espíritu, oremos fervientemente por su presencia transformadora en nuestra vida.

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