Lección 3 | Jueves 13 de abril 2017 | Proclamar las virtudes | Escuela Sabática


Jueves 13 de abril
PROCLAMAR LAS VIRTUDES
Los paralelos con la iglesia del Antiguo Testamento no terminan en la salvación, y el ser llamados y elegidos por Dios. La pregunta es: “¿llamados y elegidos para qué?” Inmediatamente, Pedro da la respuesta.
El apóstol señala que esta relación especial tiene un propósito. Los cristianos han de anunciar “las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Ped. 2:9). Esto es lo que debía hacer el antiguo Israel. Dios los había llamado para ser testigos de él ante el mundo. El propósito de Dios era bendecir al mundo entero por medio del antiguo Israel, su pueblo del Pacto.
Lee los siguientes textos. ¿Qué es lo que todos ellos tienen en común? Deut. 4:6; 26:18, 19; Isa. 60:1-3; Zac. 8:23.
El antiguo Israel, como pueblo del Pacto, tenía la misión de alcanzar al mundo con el evangelio, la salvación ofrecida por el Señor. Los cristianos tienen la misma misión divina. Son llamados a compartir con otros su experiencia y su conocimiento de Dios, y de lo que él ha hecho por el mundo a través de Cristo.
Lee 1 Pedro 2:10. ¿Por qué este texto es tan importante para toda la misión y el propósito de los cristianos?
El mundo está inmerso en pecado, en muerte, en la ruina inminente. Pero Jesús dio su vida para salvar a todos de esta destrucción. Al igual que con el antiguo Israel, los términos de honor también son términos de responsabilidad. Los cristianos tienen un estatus extraordinariamente alto: el de ser “el pueblo de Dios”. Y esto conlleva la responsabilidad de invitar a otros a ser partícipes de ese estatus. Como lo afirma 1 Pedro 2:10, los cristianos ahora conforman un pueblo propio. Antes no lo eran, pero ahora han recibido la gracia de convertirse en un pueblo santo (ver Ose. 1, 2). En la Biblia, “santo” generalmente tiene el significado de apartar algo con un propósito de adoración. Por lo tanto, como una nación “santa”, los cristianos han de mantenerse separados del mundo, una distinción que se verá en el tipo de vida que llevan. También han de ser como un fuego en una noche fría, que atraerá a otros a su calor. Los cristianos han recibido la responsabilidad de compartir con los demás la gloriosa salvación de la que han sido hechos partícipes.
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