juveniles“Hubo ángeles que acompañaron a José y a María en su viaje de Nazaret a la ciudad de David […]. Pero José y María no fueron reconocidos ni honrados en la ciudad de su linaje real. Cansados y sin hogar, siguieron en toda su longitud la estrecha calle, desde la puerta de la ciudad hasta el extremo oriental, buscando en vano un lugar donde pasar la noche. No había sitio para ellos en la atestada posada. Por fin, hallaron refugio en un tosco edificio que daba albergue a las bestias, y allí nadó el Redentor del mundo” (El Deseado de todas las gentes, p. 30).

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