Lección 3 | Lunes 10 de julio 2017 | La circuncisión y los falsos hermanos | Escuela Sabática

Lunes 10 de julio
LA CIRCUNCISIÓN Y LOS FALSOS HERMANOS
¿Por qué la circuncisión era un punto tan importante en la disputa entre Pablo y ciertos cristianos judíos? Ver Génesis 17:1 al 22; Gálatas 2:3 al 5; 5:2 y 6; y Hechos 15:1 y 5. ¿Por qué no es tan difícil entender cómo algunos pudieron haber creído que incluso los gentiles debían circuncidarse?
La circuncisión era la señal de la relación de pacto que Dios estableció con Abraham, el padre de la nación judía. Aunque la circuncisión era solamente para los descendientes varones de Abraham, todos estaban invitados a entrar en una relación de pacto con Dios. La señal de la circuncisión fue dada a Abraham en Génesis 17. Esto ocurrió después del intento desastroso de Abraham, al tener un hijo con la sierva egipcia de su esposa, de ayudar a Dios a cumplir la promesa que le hizo de darle un hijo.
La circuncisión era una señal adecuada para el Pacto. Era un recordatorio de que los mejores planes humanos nunca pueden lograr lo que Dios ha prometido. La circuncisión exterior debía ser un símbolo de la circuncisión del corazón (Deut. 10:16; 30:6; Jer. 4:4; Rom. 2:29). Representa despojarnos de la confianza en nosotros mismos y, en cambio, depender fielmente de Dios.
Sin embargo, en la época de Pablo, la circuncisión se había convertido en una señal preciada de identidad nacional y religiosa; eso no era lo que debía representar originalmente. Alrededor de 150 años antes del nacimiento de Jesús, algunos patriotas por demás celosos no solamente forzaron a todos los judíos no circuncidados de Palestina a circuncidarse, sino también se lo exigieron a todos los hombres que vivían en las naciones circundantes que estaban bajo su jurisdicción. Algunos hasta creían que la circuncisión era un pasaporte para la salvación. Esto puede verse en inscripciones antiguas que confiadamente declaran cosas como: “Los hombres circuncidados no descienden al Gehenna [infierno]”.–C. E. B. Cranfield, A Critical and Exegetical Commentary on the Epistle to the Romans, p. 172.
Sería un error suponer que Pablo se oponía a la circuncisión misma. Lo que Pablo objetaba era la insistencia de que los gentiles debían someterse a la circuncisión. Los falsos maestros decían: “Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos” (Hech. 15:1). El problema, entonces, no tenía que ver realmente con la circuncisión, sino con la salvación. La salvación es o solo por la fe en Cristo o por algo que se puede obtener mediante la obediencia humana.
Quizás hoy el problema no sea la circuncisión. Pero ¿con qué cosas, si las hay, luchamos como iglesia, que se asemejan a este problema?

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