Lunes 14 de julio
EL ESPÍRITU SANTO ES UNA PERSONA
Elena de White escribió que “la naturaleza del Espíritu Santo es un misterio. Los hombres no pueden explicarla, porque el Señor no se la ha revelado. […] En cuanto a estos misterios, demasiado profundos para el entendimiento humano, el silencio es oro” (HAp 43).
No obstante, ella también afirmó que “el Espíritu Santo es una persona, porque testifica en nuestros espíritus que somos hijos de Dios. […] Debe ser una persona divina, además, porque en caso contrario no podría escudriñar los secretos que están ocultos en la mente de Dios” (Ev 447). Esta declaración está basada en la Biblia (Rom. 8:16; 1 Cor. 2:10, 11). Así que, aunque estamos limitados por nuestra naturaleza humana, mediante las Escrituras al menos podemos saber que el Espíritu Santo es una Persona y que es divino. Lo que Jesús dijo acerca del Espíritu Santo confirma esta conclusión.
¿Cuáles son algunas de las acciones del Espíritu Santo que muestran que él es una Persona? Juan 14:26; 15; 26; 16:7-14.
Jesús mencionó varias actividades que realiza el Espíritu, y todas implican una personalidad. ¿Quién mejor que una persona podría enseñarnos y recordarnos todo lo que Cristo dijo (Juan 14:26)? O ¿quién mejor que un ser personal para testificar de Jesús (Juan 15:26), convencer al mundo (Juan 16:8), guiarnos a toda verdad, escuchar y hablar (Juan 16:13)? Y solo una persona inteligente puede glorificar a Cristo (Juan 16:14).
Siguiendo las enseñanzas de Jesús, los escritores del Nuevo Testamento dejan en claro que el Espíritu Santo tiene las características esenciales de una persona: voluntad (1 Cor. 12:11), inteligencia (Hech. 15:28; Rom. 8:27) y emociones (Rom. 15:30; Efe. 4:30).
Porque el Espíritu Santo es una Persona divina, debemos someternos humildemente a su voluntad y dirección. Lo invitaremos a morar en nuestros corazones (Rom. 8:9), transformar nuestra vida (Tit. 3:5) y producir el fruto del Espíritu en nuestros caracteres (Gal. 5:22, 23). Solos no podemos hacer nada; únicamente por medio de su poder obrando en nosotros podemos llegar a ser lo que Jesús nos prometió que seríamos.
El Espíritu Santo es un regalo; como casi todos los regalos, puede ser rechazado. ¿De qué modo puedes asegurarte, día tras día, de que no estás rechazando lo que el Espíritu Santo procura hacer en tu vida?
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