Pablo se puso de pie y colocó su brazo alrededor del hombro del joven. -Le he dicho que eres como un hijo para mí. Yo sé que en el pasado no fuiste tan útil para él como lo has sido para mí en estos últimos pocos meses; pero ahora has aceptado a Jesús, y lo amas. Yo sé que servirás a Filemón tan bien como me has servido a mí. El joven sonrió tímidamente. Pablo continuó: -Todos sabemos que él tiene derecho a estar enojado contigo porque te escapaste; pero yo le he dicho que tú me has ayudado como él me habría ayudado a mí si hubiera estado aquí. Espero que tenga esto en cuenta. También le dije que, aunque eres todavía su esclavo, también eres su hermano en Cristo; y que te has vuelto cristiano. Onésimo puso su brazo alrededor del hombro de Pablo. Luego, soltándolo, colocó la carta en la bolsa que colgaba de su hombro. Mientras agachaba la cabeza, se secó una lágrima. ‘¡Ojalá que nadie lo haya notado!’, pensó. -Una cosa más -continuó Pablo, mientras los dos caminaban hacia la puerta-: yo voy a pagar la deuda que tienes con tu amo Filemón; en realidad, él me debe su vida, considerando que yo soy el que le contó acerca de Jesús: Pablo sonrió, mientras se detenía en la entrada. -¡Nunca voy a poder agradecerte lo suficiente! -exclamó Onésimo, y acomodó la bolsa sobre su hombro, demorándose un momento. -Tan solo vete a casa y sirve a Filemón tan bien como me has S ^Fe gustaría que alguien viviera en tu casa y te C m hiciera la cama todos los días? ¿Y si limpiara tu pieza? Si tuvieras un esclavo, eso sería probablemente lo que sucedería. Hace muchos años, un joven trabajaba como esclavo; pero él comenzó a sentirse infeliz y se escapó. Entonces, conoció a Pablo. Debió de haber sucedido así… Pablo levantó su vista, y vio a un joven alto que vino y se paró a su lado: el joven estaba vestido como viajero y llevaba una mochila sobre su hombro. Pablo sonrió, y luego bajó su vista y la posó sobre la carta que acababa de escribir. La firmó, la dobló y se la alcanzó al joven. -Aquí, Onésimo -le dijo-; esta es la carta que te prometí. Está dirigida a tu amo, Filemón. Entrégasela tan pronto como llegues a casa.

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