«Él les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo; de tantas cosas que hemos oído que se han hecho en Capernaum, haz también aquí en tu tierra» (Lucas 4:23) Para los habitantes de Nazaret, Jesús era simplemente el hijo ejemplar de José (Lc. 4:22) En la sinagoga, Jesús se atribuyó una profecía mesiánica (Lc. 4:18- 21), se llamó a sí mismo profeta (Lc. 4:23) y les recriminó su incredulidad (Lc. 4:24-27). No solo se negaron a creer, sino que estuvieron dispuestos a matar allí mismo a su Salvador (Lc. 4:29). Aceptar o rechazar que Jesús fue mucho más que el hijo de José es una cuestión de vida o muerte.

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