Lección 3 | Viernes 15 de enero 2016 | Para estudiar y meditar | Escuela Sabática
Viernes 15 de enero
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Como lo muestran estas historias, no hay dudas de que la vida sobre esta Tierra, en medio del Gran Conflicto, no siempre resulta como quisiéramos. Por ejemplo, Adán y Eva no podrían haber previsto, mientras tenían a sus recién nacidos en sus brazos, que uno mataría al otro. Séfora, al casarse con Moisés, no tuvo el futuro que seguramente había esperado. Y ¿te parece que el matrimonio de Lea fue lo que, como niña, había soñado que tendría? El joven Jeremías –cualesquiera que hayan sido sus esperanzas y ambiciones– ciertamente no incluían el ser insultado, castigado y considerado traidor por su propia nación. David y Betsabé ¿no hubieran preferido una experiencia diferente de la que en última instancia se desarrolló (sin duda Urías sí)? Y ¿qué decir de Jesús? Por supuesto, él vino a la tierra para morir, ese era el principal objetivo. Sin embargo, desde su lado humano, el lado formado por la misma arcilla que nosotros, el que clamó en Getsemaní: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa…” (Mat. 26:39), ser azotado, burlado, insultado y crucificado a los 33 años seguramente no era lo que nadie hubiera esperado. No hay dudas, la vida puede jugarnos malas pasadas, y eso no debería sorprendernos, ¿verdad? ¿Qué esperas de un mundo caído, pecaminoso: el paraíso? El Edén pasó hace mucho tiempo. Pero volverá; y cuando esto suceda, la brecha entre la vida actual y la futura será infinitamente mayor que la brecha entre lo que esperado y lo que, en cambio, recibimos.
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Cuáles son las diferencias importantes entre los hermanos que mantuvieron su fe en Dios y los que no vieron la necesidad de hacerlo?
2. Cuando hoy las rivalidades y los celos entre hermanos parecen superar los propósitos de Dios para las familias, ¿cómo es posible que vean un mañana positivo? ¿Qué puede hacerse para que las familias de tu iglesia ayuden a otras a ver el propósito mayor que Dios tiene para ellas?
3. ¿Qué puede hacerse por las personas en tu congregación que sienten que están solas en el mundo y que sus vidas no tienen sentido ni valor?
4. Cuando tu vida no resulta ser como habías esperado, ¿de qué modo puede la promesa de vida eterna ayudarte a evitar que la desilusión te abrume?

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