Folleto Adultos - Escuela Sabática Segundo trimestre 2015Lección 4: Para el 25 de abril de 2015

EL LLAMADO AL DISCIPULADO

Sábado 18 de abril

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Lucas 5:1-11; 6:12-16; 9:1-6; Mateo 10:5-15; Lucas 10:1-24; 9:23-25; Mateo 16:24-28.

PARA MEMORIZAR:

“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Luc. 9:23).

Domingo 19 de abril

PESCADORES DE HOMBRES

Simón y Andrés habían trabajado toda la noche. Eran pescadores veteranos y conocían el arte de la pesca. Sin embargo, en toda la noche no habían sacado nada. En su chasco, oyeron la orden: “Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar” (Luc. 5:4). La respuesta de Simón fue una de desesperanza: “Toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra…” (vers. 5).

¿Quién es este carpintero que da consejos a pescadores acerca de cómo pescar? Simón podría haberse alejado, pero tal vez la predicación previa de Jesús tuvo algún efecto. De aquí la respuesta: “Mas en tu palabra”.

Aquí aparece la primera lección de discipulado: obediencia a la palabra de Cristo. Andrés, Juan y Santiago también aprendieron que la infructuosa noche daba lugar a un asombroso amanecer, con una gran pesca. De inmediato, Pedro cayó sobre sus rodillas y exclamó: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador” (vers. 8). El reconocer la santidad de Dios y la pecaminosidad propia es otro paso esencial en el llamado al discipulado. Como lo había hecho Isaías (Isa. 6:5), Pedro también dio ese paso.

Lee Lucas 5:1 al 11, Mateo 4:18 al 22 y Marcos 1:16 al 20. Considera el asombro de los pescadores, la confesión de Pedro y la autoridad de Jesús. ¿Qué enseña cada uno de estos elementos acerca del sendero del discipulado?

“No temas; desde ahora serás pescador de hombres” (Luc. 5:10). La transición de ser un pescador a ser pescador de hombres es extraordinaria: requiere una entrega propia absoluta al Maestro, el reconocimiento de la incapacidad y la pecaminosidad propias, el extenderse a Cristo con fe pidiendo la fuerza para andar por el sendero desconocido del discipulado y una continua dependencia de Cristo solamente. La vida de un pescador es incierta y peligrosa, con las olas inclementes, inseguro de un ingreso continuado. La vida de un pescador de hombres no es muy diferente, pero el Señor promete: “No temas”. El discipulado no es un camino fácil; tiene sus altibajos, sus gozos y sus desafíos, pero un discípulo no camina solo. Aquel que dijo “No temas” está al lado del discípulo fiel.

La confesión de Pedro acerca de ser un pecador lo impulsó a querer separarse de Jesús. ¿Qué hay en el pecado que nos impulsa a alejarnos de Dios?

Lunes 20 de abril

LA SELECCIÓN DE LOS DOCE

El discipulado no lo hacemos nosotros. Es el resultado de responder al llamado de Jesús. Jesús ya había llamado a Pedro, a Andrés, a Juan y a Santiago (Luc. 5:11), y a Leví Mateo, el publicano (vers. 27-32). El escritor ubica la selección de los Doce en un lugar estratégico en su narración: inmediatamente después de la curación en sábado del hombre de la mano seca (Luc. 6:6-11), que llevó a los fariseos a complotar para asesinar a Jesús. El Señor sabía que era tiempo de preparar un equipo de obreros al que pudiera entrenar para la tarea más allá de la Cruz.

Lee Lucas 6:12 al 16 y 9:1 al 6. ¿Qué enseñan estos versículos acerca del llamado de los doce apóstoles?

Entre las multitudes que lo seguían, había muchos discípulos que lo hacían como los estudiantes siguen a un maestro. Pero, Cristo debía hacer más que enseñar: debía edificar una comunidad de redimidos, una iglesia para llevar su mensaje salvador a toda la Tierra. Para eso, necesitaba más que discípulos. “Escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles” (Luc. 6:13). “Apóstol” significa alguien enviado con un mensaje especial para un propósito especial. Lucas usa la palabra seis veces en su Evangelio, y más de 25 en Hechos (mientras que Mateo y Marcos la usan una sola vez cada uno).

Los Doce fueron elegidos no por su educación, recursos económicos, situación social, eminencia moral o algo que los distinguiera para ser elegidos. Eran hombres comunes: pescadores, recolectores de impuestos, un zelote, uno que dudaba y uno que resultó ser un traidor. Fueron llamados para ser embajadores del Rey y de su Reino.

“Dios toma a los hombres tales como son, con los elementos humanos de su carácter, y los prepara para su servicio, si quieren ser disciplinados y aprender de él. No son elegidos porque sean perfectos, sino a pesar de sus imperfecciones para que, mediante el conocimiento y la práctica de la verdad, y por la gracia de Cristo, puedan ser transformados a su imagen” (DTG 261).

Afrontémoslo: no somos perfectos, ni los demás en la iglesia lo son. Todos estamos en el proceso de crecer (aun si los demás parecen crecer más lento de lo que nos gustaría). ¿Cómo aprendemos a trabajar con otros y aceptarlos tales como son?

Martes 21 de abril

COMISIÓN DE LOS APÓSTOLES

Lee Lucas 9:1 al 6 y Mateo 10:5 al 15. ¿Qué verdades espirituales podemos aprender del modo en que Jesús llamó a estos hombres?

Lucas describe la comisión asignada a los apóstoles como un proceso de tres pasos.

Primero, Jesús los llamó a reunirse (Luc. 9:1). La palabra llamar, o llamado, es vital para la misión y para el vocabulario cristiano. Más que un término teológico, debe ser una experiencia personal. Los apóstoles deben prestar atención a quien los llama, ir a él y estar “juntos”. Tanto la obediencia a quien llama como la entrega de todo a él son esenciales para experimentar la unidad que dará éxito a la misión.

Segundo, Jesús “les dio poder y autoridad” (Luc. 9:1). Jesús no envía a sus emisarios con las manos vacías, ni espera que lo representemos con nuestras fuerzas. Nuestra educación, cultura, posición, riqueza o inteligencia son impotentes para realizar su misión. Cristo es quien nos capacita, nos equipa y nos da poder. La palabra griega para “poder” es dúnamis, de la cual se derivan “dínamo”, una fuente de luz, y “dinamita”, fuente de energía que puede penetrar montañas. El poder que Jesús da es suficiente para aplastar al diablo. Jesús es nuestro poder. “Cuando la voluntad del hombre coopera con la voluntad de Dios, llega a ser omnipotente. Cualquier cosa que debe hacerse por orden suya puede llevarse a cabo con su fuerza. Todos sus mandatos son habilitaciones” (PVGM 268).

Tercero, Jesús “los envió a predicar el reino de Dios y a sanar a los enfermos” (Luc. 9:2). Predicar y sanar van juntos, y la misión de los discípulos es cuidar de la persona completa: cuerpo, mente y alma. El pecado y Satanás han capturado a la persona entera, y toda ella debe ser llevada a estar bajo el poder santificador de Jesús.

La vida del discípulo puede mantenerse solo cuando su vida está totalmente entregada a Cristo, sin nada que se interponga. Ni oro o plata, ni padre o madre, ni cónyuge o hijo, ni la vida ni la muerte, ni las contingencias de hoy ni las de mañana, se interpondrán entre el discípulo y Cristo. Solo importan Cristo, su Reino y el testimonio a un mundo perdido.

“No toméis nada para el camino” (Luc. 9:3). ¿Qué principio se expresa aquí que es importante que comprendamos y experimentemos por nosotros mismos?

Miércoles 22 de abril

EL ENVÍO DE LOS SETENTA

Lee Lucas 10:1 al 24. ¿Qué nos enseña el envío de los Setenta sobre la obra de ganar almas en medio de la gran controversia?

En su ministerio, muchos discípulos siguieron a Jesús. Cuando Pedro dirigió la selección de un reemplazo de Judas, el grupo contaba con por lo menos 120 discípulos (Hech. 1:15). Pablo dice que Jesús tuvo no menos de 500 seguidores cuando ascendió (1 Cor. 15:6). Así que, el envío de los 70 no limita el número de los discípulos que tenía Jesús, sino que sugiere la elección de un grupo especial para una misión limitada antes de que él fuera a los pueblos de Galilea.

Solo el Evangelio de Lucas registra el envío de los Setenta, muy típico de la mente misionera de Lucas. El número 70 es simbólico en las Escrituras y en la historia judía. Génesis 10 enumera setenta naciones del mundo como descendientes de Noé, y Lucas tenía una cosmovisión universal. Moisés designó a setenta ancianos para ayudarlo en su obra (Núm. 11:16, 17, 24, 25). El Sanedrín estaba compuesto por setenta miembros. No se menciona si ese número tuvo importancia en el envío de los Setenta, y no hay necesidad de especular. Lo importante es que Jesús, como adiestrador de dirigentes para la iglesia, no concentró poder y responsabilidad en unos pocos, sino que la esparció entre muchos.

Gozo y satisfacción señalaron el retorno de los Setenta. Informaron a Jesús: “Aun los demonios se nos sujetan en tu nombre” (Luc. 10:17). El éxito en la ganancia de almas nunca es el trabajo del evangelista. Él es solo un medio. El éxito viene por medio de “tu nombre”. El nombre y el poder de Jesús están en el centro de cada misión evangelizadora.

Pero, nota tres reacciones de Jesús ante el éxito de los Setenta. Primero, en el éxito de la evangelización, Jesús ve la derrota de Satanás (vers. 18). Segundo, se promete que, cuanto más involucrada esté una persona en la evangelización, más autoridad tendrá (vers. 19). Tercero, el evangelista no debe gozarse por lo realizado en la Tierra, sino porque su nombre esté escrito en el cielo (vers. 20). El Cielo se regocija por cada persona arrancada a Satanás, y es un golpe para los planes de este.

Lee otra vez Lucas 10:24. ¿Qué cosas hemos visto, que los profetas y los reyes desearon ver pero no pudieron? ¿Qué debería significar esto para nosotros?

Jueves 23 de abril

EL COSTO DEL DISCIPULADO

Sócrates tuvo a Platón. Gamaliel tuvo a Saulo. Otros dirigentes tuvieron seguidores devotos. La diferencia entre el discipulado en tales casos y el discipulado de Jesús es que los primeros están basados en filosofías humanas, mientras que el último se basa en la persona y los logros de Jesús. Es decir, el discipulado cristiano se basa no solo en las enseñanzas de Cristo, sino también en lo que él hizo por la salvación del hombre. Por ello, Jesús pide a todos sus seguidores que se identifiquen con él, que tomen su cruz y que sigan su conducción. Sin personas que caminen en las pisadas del Calvario, no hay discipulado cristiano.

Lee Lucas 9:23 al 25, Mateo 16:24 al 28 y Marcos 8:34 al 36. ¿Cuál es el mensaje vital para todo el que afirma ser cristiano?

El discipulado cristiano es un eslabón entre los salvados y el Salvador; como salvados, debemos seguir al Salvador. Por eso, Pablo dijo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gál. 2:20).

El costo del discipulado se define en Lucas 9:23. “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. Nota estas palabras operativas: “negarse”, “tomar” y “seguir”. Una buena definición de “negar” la da el hecho de la negación de Pedro. Él decía: “No conozco a Jesús”. Cuando el discipulado demanda que nos neguemos, tengo que poder decir que no me conozco; el “yo” está muerto. En su lugar, debe vivir Cristo (Gál. 2:20). Segundo, tomar la cruz cada día es un llamado a experimentar la crucifixión propia en forma continua. Tercero, “seguir” demanda que la dirección de la vida sea señalada por Cristo, y solo él.

Jesús amplió más el costo del discipulado, según Lucas 9:57 al 62: nada debe anteponerse a Jesús. Él, y solamente él, es supremo en amistad y compañerismo, trabajo y adoración. En el discipulado cristiano, la muerte al yo no es una opción: es una necesidad. “Cuando Cristo llama a un hombre, le pide que vaya y muera […]. Es la misma muerte cada vez: muerte en Jesucristo, la muerte del hombre viejo ante su llamado […]. Solo el hombre que está muerto a su propia voluntad puede seguir a Cristo”.–Dietrich Bonhoeffer, The Cost of Discipleship, p. 99.

¿Qué te ha costado seguir a Cristo? Piensa en las implicaciones que tiene tu respuesta.

Viernes 24 de abril

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: “El levantar la cruz separa al alma del yo, y pone al hombre en condición de aprender cómo llevar las cargas de Cristo. No podemos seguir a Cristo sin llevar su yugo, sin tomar su cruz y llevarla tras él. Si nuestra voluntad no está de acuerdo con los requerimientos divinos, debemos poner coto a nuestras inclinaciones, abandonar nuestros deseos más queridos y caminar en la huella de Cristo” (HHD 71).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Vuelve a considerar la pregunta que aparece al final de la sección del miércoles, con respecto a Lucas 10:24. ¿Cuáles son algunas de las cosas que nosotros, los que vivimos en estos días, hemos podido presenciar que “muchos profetas y reyes” desearon ver pero no vieron? ¿Qué diremos, por ejemplo, del cumplimiento de las profecías? Piensa en Daniel 2, 7 y 8, que estaban todavía en el futuro para muchos de esos profetas y reyes, pero que son hechos históricos para nosotros. ¿Qué otras cosas crees que podrían ser?
  2. Medita en las palabras de Jesús acerca de alguien que gana todo el mundo pero pierde su alma. ¿Qué quiso decir con eso? Y ¿qué significa perder la vida para salvarla? ¿Qué significa eso? Una cosa es que un no creyente se aferre egoístamente a las cosas de este mundo. Es así, porque eso es todo lo que cree que tiene; ¿a qué otra cosa podrían aferrarse? Pero ¿por qué, aun como creyentes en Jesús, los que sabemos que este mundo terminará, y un día comenzará otro mundo nuevo, nos encontramos tan fácilmente buscando ganar tanto como podamos de este mundo? ¿De qué modo podemos protegernos de esta trampa espiritual muy peligrosa?
  3. Lee Lucas 10:17 al 20. Podemos entender el entusiasmo de esos discípulos al ver que aun los demonios se sujetaban a ellos en el nombre de Cristo. Considera la respuesta que les dio Jesús. ¿Qué decía él que es tan importante que entiendan todos los que están involucrados en alcanzar a otros?
  4. ¿A quiénes, fuera de los personajes bíblicos, la elección de seguir a Cristo les costó mucho, tal vez más que a la mayoría de nosotros? En la clase, pregúntense: ¿Qué perdieron esas personas? ¿Cuál fue el costo seguir de Cristo? Y ¿estaría yo dispuesto a hacer lo mismo?

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