Jueves 23 de enero
DEJAD A LOS NIÑOS
Lee Marcos 10:13 al 16. ¿De qué modo el hecho de que Cristo aceptara a los niños facilita que ellos lo acepten a él? ¿Cómo tiene que entenderse la reprensión de Jesús a sus discípulos? ¿Qué aprendemos de este registro sobre nosotros y el modo en que debemos relacionarnos con los niños?
Seguramente, los discípulos de Cristo eran bien intencionados, aunque ignorantes. Intentaron proteger el valioso tiempo de Jesús y conservar su energía para asuntos más “importantes”. Ellos entendieron mal lo que Jesús quería que supieran.
Imagínate lo que es ser rechazado por adultos rezongones, solo para ser abrazados por la persona amante y considerada que es Jesús. No es extraño que ellos lo abrazaran. En esta historia, se nos ha dejado un valioso ejemplo con respecto a la manera en que los profesos discipuladores deben tratar a los niños.
“En los niños que eran puestos en relación con él, Jesús veía a los hombres y a las mujeres que serían herederos de su gracia y súbditos de su Reino, algunos de los cuales llegarían a ser mártires por su causa. Él sabía que estos niños lo escucharían y aceptarían como su Redentor con mayor facilidad que los adultos, muchos de los cuales eran sabios en las cosas del mundo y de corazón endurecido. En su enseñanza, él descendía a su nivel. Él, la Majestad del cielo, no desdeñaba contestar sus preguntas y simplificar sus importantes lecciones para adaptarlas a su entendimiento infantil. Implantaba en sus mentes semillas de verdad que en años ulteriores brotarían y darían fruto para vida eterna” (DTG 473, 474).
¿Cuán a menudo encontramos adultos que soportaron tanto dolor, tanto sufrimiento, tanta angustia de corazón por cosas que les ocurrieron en su infancia? ¿Qué debería decirnos esto acerca de cuán tierna, cuidadosa y amorosamente deberíamos tratar a los niños, y con cuánta oración?

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