Lección 4 | Lunes 18 de abril 2016 | El Romano y el Mesías | Escuela Sabática
Lunes 18 de abril
EL ROMANO Y EL MESÍAS
Hay una buena razón por la que el libro de Daniel pasa mucho tiempo tratando con Roma (ver Dan. 7:7, 8, 19-21; 8:9-12, 23-25): se debe a su gran poder, que continuó prevaleciendo en el tiempo de Cristo. No obstante, un oficial romano –no solo un símbolo del poder de Roma, sino también una expresión de ese poder– fue a Jesús. El hombre era impotente frente a las pruebas y las tragedias comunes que nos asaltan a todos. ¡Qué lección acerca de los límites de lo que pueden hacer los poderes terrenales! Los líderes más grandes e influyentes, las personas más ricas, se encuentran impotentes contra muchas de las luchas comunes de la vida. Realmente, sin la ayuda divina, ¿qué esperanza tiene cualquiera de nosotros?
Lee Mateo 8:5 al 13. ¿Qué verdades importantes acerca de la fe, y de lo que significa tener fe, se revelan en esta historia? ¿Qué nos debe decir a nosotros, como adventistas del séptimo día, dados los privilegios que tenemos?
Un centurión era un oficial militar romano que, generalmente, supervisaba de ochenta a cien soldados. Servía en el ejército unos veinte años y no se le permitía tener una familia legal. De este modo, el siervo del centurión pudo haber sido su única verdadera familia.
En esa cultura, la única persona más despreciada que un gentil como el centurión habría sido un leproso; por eso, este oficial pudo suponer que Jesús no querría entrar en su casa, aun cuando Jesús le dijo que lo haría. Al pedir a Jesús que solo dijera una palabra, en vez de requerir su presencia física, el centurión demostró una gran fe que nos habla todavía hoy: la Palabra de Jesús es tan poderosa como su toque. Para este centurión, que Jesús sanara a alguien no era algo difícil. Era parecido a lo que hacía un oficial romano al dar órdenes a un soldado.
Además, considera lo que Jesús dice en Mateo 8:11 y 12. Es una severa advertencia a quienes se les han dado abundantes privilegios. Nosotros, como adventistas del séptimo día, también somos grandes privilegiados, y deberíamos prestar atención.
¿Qué prácticas y elecciones diarias haces? Más importante, ¿de qué modo esas elecciones impactan en tu fe? ¿Qué puedes hacer para que tus elecciones hagan crecer tu fe?

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