Lunes 20 de enero
LA NIÑEZ DE JESÚS
Si Jesús hubiera pasado por alto la niñez, llegando al planeta Tierra como adulto, se podrían plantear preguntas serias con respecto a su capacidad de identificarse con los niños. Pero Cristo se desarrolló como lo debe hacer todo niño, sin saltear ninguna de las etapas de desarrollo asociadas con el crecimiento y la madurez. Él comprende las tentaciones de los adolescentes, y pasó por la fragilidad y la inseguridad de la niñez. Cristo enfrentó los desafíos que, en su propia esfera, afrontan los niños. Otra manera en la que nuestro Salvador reveló su verdadera humanidad fue el haber experimentado la niñez.
Lee Lucas 2:40 al 52. ¿Qué enseña esto en cuanto a la infancia de Jesús?
“Entre los judíos, el año duodécimo era la línea de demarcación entre la niñez y la adolescencia. Al cumplir ese año, el niño hebreo era llamado hijo de la ley y también hijo de Dios. Se le daban oportunidades especiales para instruirse en la religión, y se esperaba que participase en sus fiestas y ritos sagrados. De acuerdo con esta costumbre, Jesús hizo en su niñez una visita de Pascua a Jerusalén” (DTG 56).
Jesús adquirió sabiduría. Dios le otorgó su gracia. Del encuentro de Cristo adolescente en el Templo durante la visita de Pascua, podemos ver que Jesús tenía una profunda sabiduría bíblica. Los maestros rabínicos fueron profundamente impresionados por las preguntas y las respuestas de Jesús.
Dios sin duda usó muchas experiencias de la niñez para dar forma al carácter atractivo y sin faltas de Cristo. Tal vez, la disciplina de aprender las habilidades de un carpintero, al atender a sus devotos padres, al estar regularmente en contacto con las Escrituras y su interacción con los habitantes de Nazaret, moldearon el fundamento de su crianza temprana. Al fin, por notable que haya sido la niñez de Jesús, él fue lo que todos hemos sido: un niño.
“El niño Jesús no recibió instrucción en las escuelas de las sinagogas. Su madre fue su primera maestra humana. De labios de ella y de los rollos de los profetas, aprendió las cosas celestiales. Las mismas palabras que él había hablado a Israel por medio de Moisés le fueron enseñadas sobre las rodillas de su madre” (DTG 50). Medita en las increíbles implicaciones de esas palabras. ¿Qué nos enseñan acerca de la humanidad de Cristo?

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