Lección 4 | Martes 24 de enero 2017 | Aspectos personales del Espíritu Santo – II | Escuela Sabática


Martes 24 de enero
ASPECTOS PERSONALES DEL ESPÍRITU SANTO – II
Un desafío que enfrentamos al intentar comprender al Espíritu Santo es que, por un lado, podemos imaginar a Dios como un Padre de un modo más tangible. Muchos también tienen una imagen concreta de Jesús, tal como se lo describe en los evangelios. Él tomó nuestra naturaleza y apareció en forma humana.
El Espíritu Santo, sin embargo, es presentado de un modo muy diferente. Pa¬reciera ser impalpable, mucho más difícil de comprender que el Padre y el Hijo.
Por ello, algunos llegan a la conclusión de que el Espíritu Santo es solamente un poder impersonal. Como hemos visto anteriormente, esa idea en verdad no hace justicia a la naturaleza del Espíritu Santo. De hecho, hay declaraciones en la Biblia que no tendrían sentido si el Espíritu Santo fuera solo una fuerza impersonal o un poder (divino).
Lee detenidamente los siguientes dos pasajes; reemplaza la referencia al Espíritu Santo con la palabra impersonal “poder”. ¿Por qué estos textos tienen sentido únicamente si el Espíritu Santo es, de verdad, una persona?
Romanos 15:13
1 Corintios 2:4
La declaración de los apóstoles de que “ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros” (Hech. 15:28) sería absurda si el Espíritu Santo fuera solamente un poder o una influencia impersonal. En vez de eso, la declaración indica a otro ser personal, del mismo modo en que el Padre y el Hijo son seres personales.
Además, ¿cómo podrían ser bautizados los creyentes “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mat. 28:19), si los primeros dos que son mencionados son personas, pero el tercero no? Eso no tiene mucho sentido. Más bien, los tres son mencionados como parte del único nombre en quien somos bautizados. Así, el Espíritu Santo es revelado aquí en el mismo nivel que Dios el Padre y Dios el Hijo.
Elena de White ha declarado con perspicacia que “hay tres personas vivientes en el trío celestial […] el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo” (Ev 446). Ella, también, es muy clara en cuanto a la personalidad existente del Espíritu Santo.
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