primarios¡Chicas! -gritó Franco dando un portazo airado a la puerta del frente-, ¡ Odio a chicas! Ellas arruinan todo.
Franco golpeó el piso con su pie.
-¡Nunca más jugaré con una chica! -¿ Y yo? -preguntó la madre- Yo soy una chica y también lo es tu hermana Ángela. Comprendiendo repentinamente el efecto de sus palabras, Franco abrazó a su hermana de tres años.
-Tú no eres como otras chicas, Ángela -sonrió. Franco pensó por un momento. -Está bien, me  equivoqué -reconoció-. No todas las chicas son malas. Andrea es mi amiga, pero ícómo me hizo enojar hoy! La Sra. Gutiérrez sonrió.
-Aun cuando la gente sea mala, podemos interceder por ella. Eso me recuerda a Abraham y el día en que hizo un regateo con Dios.

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