Sábado 19 de julio
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Lucas 18:9-14; Juan 6:44; Lucas 15:3-10; Mateo 20:28; Juan 8:34-36; 6:35, 47-51.
PARA MEMORIZAR:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).
“LA MUERTE ES PARTE DE LA VIDA”, solemos decir. Pero, no; la muerte es la negación de la vida, no parte de ella. Sin embargo, estamos tan acostumbrados a la muerte que la llamamos lo opuesto de lo que realmente es. No importa cómo la entendamos, algo es seguro: sin la ayuda divina, la muerte eterna sería el destino de todos nosotros.
Afortunadamente, esa ayuda ha venido. Dios, en su infinito amor, nos ofrece la salvación mediante Cristo. Cuando el ángel anunció el nacimiento del Mesías, lo llamó “Jesús” (de la palabra hebrea que significa salvación), “porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mat. 1:21).
Esta semana consideraremos la obra salvadora de Jesús. Primero, nuestra atención se concentrará en la base de nuestra salvación, y luego en sus resultados.
La Biblia es clara. Tenemos solo dos opciones respecto de nuestros pecados: o pagamos por ellos en el lago de fuego o aceptamos que Cristo haya pagado por ellos en la cruz. Al repasar el generoso don de la gracia divina mediante Cristo, humildemente renovemos una vez más nuestra fe en Jesús como nuestro Salvador personal.

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