Sábado 20 de julio
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Mateo 28:19, 20; Juan 20:21; Hechos 2; Hechos 22:1-14; Juan 6:1-11; Hechos 8:26-38.
PARA MEMORIZAR:
“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hech. 1:8).
EL PROPÓSITO DEL REAVIVAMIENTO es sentir tanto amor por Jesús que anhelemos compartirlo. En un reavivamiento genuino, nuestros corazones se llenan de bondad, compasión, perdón, y del poder de Dios. Quedamos tan felices por su amor y cambiados por su gracia que no podemos guardar silencio.
En contraste, un “reavivamiento” que se concentra en “solo la experiencia espiritual” de uno no alcanza el blanco. Si hay una actitud crítica hacia los que no llegan a nuestra “norma de santidad”, el tal reavivamiento no es inspirado por el Cielo. Si el énfasis del reavivamiento es solo cambiar la conducta externa en vez de los corazones, algo anda mal.
Los corazones cambiados llevan a una conducta cambiada. Un reavivamiento genuino no se centra en sí mismo o en la autosuficiencia o la autoexaltación, sino en una preocupación abnegada por otros. Cuando nuestros corazones están renovados por la gracia de Dios, anhelamos bendecir y servir a los necesitados. Todo reavivamiento genuino enfatiza la misión y el servicio.

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