Jueves 30 de abril
EL SÁBADO: EL ENFERMO VERSUS EL BUEY Y EL ASNO
De los tres evangelios sinópticos, solo Lucas registra estas dos curaciones de Jesús en sábado (Luc. 13:10-16; 14:1-15). La primera hizo que el jefe de la sinagoga se indignara con Jesús; la segunda acalló a los fariseos. En ambos casos, los enemigos de Jesús estaban usando sus malas interpretaciones de la Ley para acusar a Jesús de quebrantar el sábado.
Lee Lucas 13:10 al 16 y 14:1 al 6. ¿Qué verdades importantes se revelan aquí acerca de cuán fácil es pervertir verdades bíblicas vitales?
Considera a la mujer inválida. Pertenecía a un sexo que era despreciado por los fariseos; estaba enferma desde hacía 18 años –lo suficiente como para probar la paciencia de cualquiera y para multiplicar en ella un sentido de la falta de sentido de la vida–; y era totalmente incapaz de librarse por sí misma.
A ella le vino la gracia divina personificada. Jesús la ve, la llama para que se acerque, le habla para que pueda ser sana, pone sus manos sobre ella “y al instante la mujer se enderez[a]” (Luc. 13:13, NVI). De repente, una agonía de 18 años da lugar a un momento de gozo total, y ella “glorificaba a Dios” (vers. 13, énfasis añadido). Los verbos que usa Lucas son el modo en que la Inspiración reconoce el valor y la dignidad de la mujer, así como el valor y la dignidad de cada persona que es despreciada, no importa cuál sea su situación.
En el segundo milagro (Luc. 14:1-6), Jesús –en el camino para ir a comer a casa de un fariseo en sábado− sanó a un hombre que sufría de hidropesía. Anticipándose a las objeciones de los dirigentes que lo vigilaban de cerca, Jesús hizo dos preguntas: primera, sobre el propósito de la Ley (“¿Es lícito sanar en el día de reposo [sábado]?” [vers. 3]); segunda, sobre el valor de un ser humano (“¿Quién de vosotros, si su asno o su buey cae en algún pozo, no lo sacará inmediatamente, aunque sea en día de reposo?” [vers. 5]). El punto que quería presentar es obvio; en realidad, lo fue porque, de acuerdo con Lucas, no podían responderle nada. Jesús les reveló su hipocresía, la de la peor clase, porque venía bajo el velo de una supuesta santidad e indignación justa por lo que les parecía era una violación de la santa Ley de Dios.
¡Cuán cuidadosos debemos ser!

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