Lección 5 | Lunes 30 de enero 2017 | Ser lleno del Espíritu Santo | Escuela Sabática


Lunes 30 de enero
SER LLENO DEL ESPÍRITU SANTO
Lee Efesios 5:18; Hechos 13:52; y Romanos 8:9. ¿Qué significa estar lleno del Espíritu Santo? ¿De qué manera nuestra vida puede ser llena del Espíritu?
Una vez que hemos sido bautizados y pertenecemos a Cristo, deberíamos vivir en el poder del Espíritu. Para que esto ocurra, debemos ser llenos del Espíritu. Hay numerosas referencias en el Nuevo Testamento en las que las personas son llenas del Espíritu (Luc. 1:41, 67; Hech. 2:4; 4:8, 31; 9:17; 13:9). El apóstol Pablo utiliza la palabra lleno para decir que una persona se ha sometido completamente a Dios, y está abierta a la influencia y la dirección del Espíritu Santo para que la obra de Dios pueda cumplirse en la vida de ella.
Si cedemos a la influencia del alcohol, nuestro caminar, nuestras palabras y nuestros pensamientos se verán afectados negativamente. Cuando estamos llenos del Espíritu Santo, cedemos cada parte de nuestra vida a su influencia transformadora, y el resultado es que nuestro caminar, nuestras palabras y nuestros pensamientos reflejarán a Jesús.
Mientras que el Espíritu es dado por el oír con fe (Gál. 3:2) y es recibido por fe (3:14) en el momento de nuestro bautismo (Tito 3:5, 6), debemos buscar ser llenos del Espíritu Santo cada día. No podemos vivir de una experiencia poderosa que tuvimos el año pasado, o el mes pasado, o incluso ayer. Necesitamos el derramamiento del Espíritu de Dios cada día, pues cada día trae consigo nuevos desafíos.
En Hechos 13:52, el término griego para llenos del Espíritu está en tiempo imperfecto, lo cual implica una acción continua. Literalmente, significa: “siendo llenos (continuamente)”. Ser llenos del Espíritu Santo no es un evento de una sola vez. Es algo que deberíamos buscar y recibir cada día. Este bautismo del Espíritu debe ser repetido a fin de que cada aspecto de nuestra vida esté lleno de su presencia, y así tengamos poder para vivir debidamente.
Estar llenos del Espíritu Santo no significa tanto que poseamos más de él, sino que él posea más de nosotros. El Espíritu puede usarnos para la gloria de Dios solamente cuando, cada día, entregamos todos los aspectos de nuestra vida a él.
“Quisiera impresionarlos con esta realidad. Los que tienen a Cristo por fe en el corazón en verdad poseen al Espíritu Santo. Cada persona que recibe a Jesús como su Salvador personal, con certeza, acoge también al Espíritu Santo, que para el creyente es consejero, santificador, guía y testigo” (RP 120).

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