Lección 5 | Miércoles 1 de noviembre 2017 | Sigue al Líder | Escuela Sabática

MIÉRCOLES 1 NOVIEMBRE
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Cómo hacer | Romanos 4; Gál. 3:11; 1 Juan 2:3-6
La Biblia deja en claro que el pueblo de Dios siempre ha sido llamado a vivir por fe. La fe es una parte de nuestra vida diaria. Por fe logramos muchos de nuestros objetivos. Creer en nosotros mismos y en nuestras habilidades puede conducir al éxito, pero la fe que somos llamados a tener no es una fe en nosotros mismos y en nuestras habilidades. Somos llamados a poner nuestra fe en Dios, confiando que él puede hacer por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos. En Romanos 4:13 y 14, la Palabra de Dios nos dice que la promesa dada a Abraham y a su simiente no fue por medio de la ley, sino por medio de la justicia por la fe, ya que no podría ser posible por medio de la ley (Gál. 3:11). La ley es una hoja de ruta hacia la promesa (1 Juan 2:3-6). El camino a la promesa depende de nuestra fe en Dios, no en nuestra habilidad de leer e interpretar el mapa, porque si no tenemos fe en el Señor, es un viaje imposible.
Abraham aprendió a ser fiel y lo demostró a lo largo de su vida. Obedeció el mandato de Dios y fue recompensado por su obediencia. A continuación hay algunas razones por las cuales Abraham pudo obedecer el mandato de Dios. Si las seguimos, nosotros también podremos ser obedientes a Dios y recibir las recompensas por nuestra obediencia:
Él conocía la voz de Dios. Esto hizo posible que siguiera las Instrucciones de Dios. Para reconocer la voz de Dios debemos pasar tiempo en su Palabra y comunicarnos con él por medio de la oración.
Él siguió los mandatos de Dios. Sin importar cuáles fueran las instrucciones de Dios, Abraham las obedecía (Gén. 22). La Biblia declara que obedecer es mejor que los sacrificios. Por tanto, seguir las instrucciones de Dios es importante para demostrar nuestra fe.
Él confió en Dios. La confianza que Abraham tenía en Dios debería inspirarnos a no dudar del poder de Dios. Abraham permaneció fiel y obediente aun en las situaciones difíciles de su vida (Rom. 4:18-22). Su confianza en Dios era muy grande, tanto que la Biblia declaró: “Abram creyó al Señor, y el Señor se lo reconoció como justicia” (Gén. 15:6). Debemos confiar en que Dios nos guiará por caminos que son lo mejor para nosotros, incluso cuando parece que las promesas de Dios no se cumplirán en nuestras vidas.
Recordemos siempre que Dios es fiel y él hará lo que prometió. La fe de Abraham no era fe en sí mismo o en su esposa, sino en el poder de Dios. Su esperanza yacía en el Señor, a quien se aferraba por fe; y nosotros deberíamos hacer lo mismo. Confiemos y obedezcamos, ¡porque ese es el mejor camino!
Para pensar y debatir
¿Qué quiere decir vivir por fe?
¿Cómo se demuestra nuestra fe en Dios?
Shandel Lawrence, St. Catherine, Jamaica

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