Lección 5 | Miércoles 26 de abril 2017 | Pecados de la carne | Escuela Sabática
Miércoles 26 de abril
PECADOS DE LA CARNE
Al mencionar las cosas malas que habían hecho las personas en el pasado, y que las habían dejado de hacer luego de volverse creyentes en Jesús, Pedro también incluye lo que podríamos llamar “pecados sexuales”.
Lee 1 Pedro 4:3 nuevamente. ¿Qué más menciona Pedro aquí?
En este texto, hay dos palabras que tienen una connotación sexual distintiva: “lascivias” (aselgia, que significa “sensualidad”) y “concupiscencias” (epithumia, que significa “lujuria” o “deseo”).
Sí, es demasiado fácil que los cristianos den una mala impresión acerca de la sexualidad. La Biblia no está en contra del sexo. Al contrario, Dios creó el sexo y dio la sexualidad a la humanidad para que fuera una gran bendición. La sexualidad estaba allí en el Edén, desde el principio: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban” (Gén. 2:24, 25). Había de ser uno de los ingredientes clave que uniría a un esposo y una esposa en un compromiso de toda la vida, que forma el mejor contexto para criar hijos. Y esta cercanía e intimidad sería un reflejo de lo que Dios busca tener con su pueblo, también (ver Jer. 3; Eze. 16; Ose. 1-3).
En su lugar correcto, entre un hombre y una mujer unidos en matrimonio, la sexualidad es una profunda bendición; en el lugar equivocado, en el contexto equivocado, puede ser una de las fuerzas más destructivas del mundo. Las consecuencias devastadoras, aquí y ahora, de estos pecados, van más allá de la imaginación humana. ¿Quién de nosotros no conoce vidas arruinadas por causa del abuso de este maravilloso don?
¿Qué tienen en común los siguientes textos? 2 Sam. 11:4; 1 Cor. 5:1; Gén. 19:5; 1 Cor. 10:8.
Por supuesto, no necesitamos recurrir a la Biblia para conocer historias de dolor y sufrimiento que han causado estos pecados.
Sin embargo, también debemos ser cuidadosos. Ciertamente, los pecados de esta naturaleza pueden tener poderosos efectos negativos sobre las personas, y la sociedad tiende a desaprobarlos. Pero el pecado es pecado, y la muerte de Cristo cubre los pecados sexuales, también. Como cristiano, debes ser cuidadoso, especialmente en este tema delicado, para asegurarte de sacar “primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano” (Luc. 6:42).
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