Domingo 2 de febrero
COMIENZOS HUMILDES
Lee Lucas 2:21 al 28; Marcos 6:2 al 4; y Levítico 12:8. ¿Qué nos dicen estos versículos acerca de la clase económica en la cual nació Jesús? ¿Cómo influiría esa clase en su ministerio?
La ofrenda de purificación de José y María claramente indicaba su trasfondo económicamente pobre. Esta tradición surgió de la legislación mosaica registrada en Levítico 12:8, que requería que se llevara un cordero para esta ofrenda. Sin embargo, una excepción compasiva había hecho provisión para los pobres: se podía sustituir el cordero por palomas. De este modo, desde el mismo comienzo –desde su nacimiento en un establo hasta la ofrenda que dieron sus padres– se describe a Jesús como habiendo asumido su humanidad en un hogar de gente pobre y “común”. De hecho, la evidencia arqueológica también parece indicar que el pueblo de Nazaret, donde Jesús pasó su niñez, era una aldea pobre y, además, sin importancia. Y, aunque el oficio de carpintero es honorable, ciertamente no lo colocó entre la “élite”.
“Los padres de Jesús eran pobres y dependían de su trabajo diario para su sostén. Él conoció la pobreza, la abnegación y las privaciones. Esto fue para él una salvaguardia. En su vida laboriosa, no había momentos ociosos que invitasen a la tentación. No había horas vacías que preparasen el camino para las compañías corruptas. En cuanto le era posible, cerraba la puerta al tentador. Ni la ganancia ni el placer, ni los aplausos ni la censura podían inducirlo a consentir en un acto pecaminoso. Era sabio para discernir el mal, y fuerte para resistirlo” (DTG 52).
El Creador de todo lo que fue hecho (ver Juan 1:1-3) entró en la humanidad no simplemente como un ser humano, un infante –lo que ya habría sido asombroso–, ¡sino en el hogar de una familia relativamente empobrecida! ¿Cómo hemos de responder a algo tan increíble? ¿Cuál es la única manera de responder?

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