Lección 6 | Domingo 31 de enero 2016 | Emanuel al rescate | Escuela Sabática 2016
Domingo 31 de enero
EMANUEL AL RESCATE
Lee Mateo 1:20 al 23. ¿Cuál es la importancia del nombre dado a Jesús: “Emanuel”?
¿Por qué vino Jesús a esta Tierra para “estar con nosotros”?
Primero, vino para restaurar el dominio que Adán había perdido (Rom. 5:12, 15). Captamos una vislumbre del aspecto real de Jesús (teniendo dominio) cuando inspiró a las multitudes (cinco mil quisieron coronarlo rey) y cuando los niños le cantaron hosannas (una forma de alabanza dirigida a uno que salvaría a la gente de sus enemigos). Vemos su poder sobre su creación humana, como su capacidad de restaurar a hombres quebrantados otra vez en seres integrales (por ejemplo, el hombre que nació ciego y la mujer que tuvo hemorragias por doce años). También se manifestó su poder sobre la naturaleza cuando calmó la tormenta, y les dijo al viento y a las olas que se quedaran quietos.
Segundo, vino para traer juicio y destruir las obras del diablo (Juan 9:39; 1 Juan 3:8). ¿Cuán a menudo nos preguntamos por qué el mal prospera? Jesús trata con la injusticia y nos asegura que el fin está a la vista. Cristo fue reconocido por los demonios como teniendo poder sobre ellos; a menudo gritaban su verdadera identidad, algunas veces antes de que Jesús estuviera listo para revelarla. Dio paz a personas poseídas por el demonio, y les restauró su salud mental cuando otros huían llenos de temor.
Tercero, Jesús vino al mundo para buscar y salvar a los perdidos (Luc. 19:10) y para quitarles sus pecados (Juan 1:29). Fue hecho como uno de nosotros, para poder ser nuestro fiel Sumo Sacerdote y restaurarnos para Dios (Heb. 2:7). “Tratar con el pecado, salvar a los humanos del pecado, darles gracia, perdón, justificación y glorificación: todo esto fue el propósito del único pacto desde el principio, ahora cumplido en Cristo Jesús”.–N. T. Wright, Justification: God’s plan and Paul’s Vision (ed. Kindle), posición 1.462-1.463.
Finalmente, Jesús vino a mostrarnos cómo es Dios, para revelar a nosotros –y al universo que nos contempla– cuál es su verdadero carácter (Juan 14:9)
¿De qué forma estas razones pueden y deben fortalecer nuestra vida mientras esperamos la venida de Cristo y al caminar con Dios?

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