Sábado 3 de mayo
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Romanos 7:1-6; 8:5-8; 7:7-13; 4:15; Hechos 13:38, 39; Gálatas 3:10.
PARA MEMORIZAR:
“Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos a fin de que llevemos fruto para Dios” (Rom. 7:4).
UNA MUJER CONDUCE SU AUTOMÓVIL muy por encima de la velocidad máxima permitida. De repente, ve por el espejo retrovisor la centellante luz roja y azul de un patrullero policial, y oye la familiar sirena. Ella se detiene al costado de la ruta, toma su cartera y saca su licencia de conducir. El policía se acerca, toma su licencia, y vuelve a su patrullero.
Ella se pregunta cuánto le costará la multa (iba muy por sobre el límite de velocidad); también se preocupa por cómo pagará la multa. Unos pocos minutos más tarde, vuelve el policía y le dice: “Muy bien, señorita, lo que haremos para que no tenga que sufrir la condena de la ley otra vez es abolir esa ley. Ya no tiene que preocuparse por los límites de velocidad”.
Por ridículo que suene este incidente, no es distinto de lo que enseña la teología que dice que, después de que Jesús murió, la Ley, los Diez Mandamientos, fue abolida.
Esta semana consideraremos la muerte de Jesús y lo que esta significa en relación con la Ley.

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