Lección 7 | Domingo 12 de febrero 2017 | La condición fructífera | Escuela Sabática


Domingo 12 de febrero
LA CONDICIÓN FRUCTÍFERA
Lee Juan 15:1 al 11. ¿Por qué el fruto solo puede surgir de una relación viva con Jesús, la Vid? ¿Por qué es tan importante permanecer en Jesús? ¿De qué manera permanecemos en él?
El primer secreto del cristiano para dar fruto es permanecer en Cristo. Sin Cristo, no podemos producir fruto espiritual genuino. El fruto del Espíritu no se nos es impuesto desde afuera, sino que es el resultado de la vida de Cristo en nuestro interior. En Juan 15:1 al 11, Jesús nos dice que el hecho de dar fruto es el resultado de la vida de Cristo, la Vid, que fluye por las ramas, es decir, los creyentes. El crecimiento del fruto es la obra de Dios por medio de Jesucristo.
La responsabilidad del creyente es permanecer en Cristo. Cuando Cristo habita en nuestros pensamientos, se volverá visible en nuestras acciones. Jesús vive su vida en nosotros. La vida que Cristo vivió será reproducida en nosotros, en el sentido de que reflejaremos su carácter.
El fruto del Espíritu es el carácter de Jesús, producido por el Espíritu Santo en los seguidores de Cristo. Cuando Cristo habita en nosotros, andamos “en el Espíritu, y así jamás satisfaréis los malos deseos de la carne” (Gál. 5:16; RVA).
En las palabras de Jesús: “Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos” (Mat. 7:17, 18). El fruto bueno es el resultado de nuestra relación de permanencia con Jesús, por medio del Espíritu Santo. Cuando cooperamos con las impresiones internas del Espíritu en nuestro corazón, el fruto del Espíritu se hace evidente en nuestra vida. Nuestro carácter es transformado para reflejar el carácter de Jesucristo en lo que decimos y hacemos, e incluso en lo que pensamos. El Espíritu Santo nos da poder para vivir victoriosamente y para desarrollar las virtudes que son características de aquellos que son hijos de Dios.
En 2 Timoteo 3:5, el apóstol Pablo describe a personas “que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella”. ¿Cuál es la diferencia entre una piedad aparente y una vida que está llena del Espíritu Santo? ¿De qué manera podemos saber qué clase de vida estamos viviendo nosotros mismos?
Escuela Sabática | Lección 7 | Para el 18 de febrero 2017 | El Espíritu Santo y el Fruto del Espíritu | El Espíritu Santo y la Espiritualidad | Primer trimestre 2017 | Guía de Estudio de la Biblia – Maestros – Alumnos | Iglesia Adventista del Séptimo Día

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